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LEGISLACIÓN DE MEDIOS
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LEGISLACIÓN DE MEDIOS
La legislación de medios debe entenderse como la forma en que el Estado controla su espacio radioeléctrico y por supuesto, regula el servicio de radiodifusión. Para efectos de la presente exposición, únicamente se tratará el caso mexicano. Para ello retomaremos los principios fundamentales que, en la reformada Ley Federal de Radio y Televisión se contemplan.
La legislación de medios debe entenderse como la forma en que el Estado controla su espacio radioeléctrico y por supuesto, regula el servicio de radiodifusión. Para efectos de la presente exposición, únicamente se tratará el caso mexicano. Para ello retomaremos los principios fundamentales que, en la reformada Ley Federal de Radio y Televisión se contemplan.
LEY FEDERAL DE RADIO Y TELEVISIÓN
TITULO PRIMERO
Principios fundamentales
CAPITULO ÚNICO
Artículo 1o.- Corresponde a la Nación el dominio directo de su espacio territorial y, en consecuencia, del medio en que se propagan las ondas electromagnéticas. Dicho dominio es inalienable e imprescriptible.
Artículo 2o. La presente Ley es de orden público y tiene por objeto regular el servicio de radiodifusión.
El servicio de radiodifusión es aquél que se presta mediante la propagación de ondas electromagnéticas de señales de audio o de audio y video asociado, haciendo uso, aprovechamiento o explotación de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico atribuido por el Estado precisamente a tal servicio; con el que la población puede recibir de manera directa y gratuita las señales de su emisor utilizando los dispositivos idóneos para ello.
El uso, aprovechamiento o explotación de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico para prestar el servicio de radiodifusión sólo podrá hacerse previos concesión o permiso que el Ejecutivo Federal otorgue en los términos de la presente ley.
Para los efectos de la presente ley, se entiende por radio y televisión al servicio de radiodifusión.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 3o. La industria de la radio y la televisión comprende el aprovechamiento de las ondas electromagnéticas, mediante la instalación, funcionamiento y operación de estaciones radiodifusoras por los sistemas de modulación, amplitud o frecuencia, televisión, facsímiles o cualquier otro procedimiento técnico posible, dentro de las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico atribuidas a tal servicio.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 4o.- La radio y la televisión constituyen una actividad de interés público, por lo tanto el Estado deberá protegerla y vigilarla para el debido cumplimiento de su función social.
Artículo 5o.- La radio y la televisión, tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán:
I.- Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares;
II.- Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud;
III.- Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.
IV.- Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad y cooperación internacionales.
Artículo 6o.- En relación con el artículo anterior, el Ejecutivo Federal por conducto de las Secretarías y Departamentos de Estado, los Gobiernos de los Estados, los Ayuntamientos y los organismos públicos, promoverán la transmisión de programas de divulgación con fines de orientación social, cultural y cívica.
Artículo 7o.- El Estado otorgará facilidades para su operación a las estaciones difusoras que, por su potencia, frecuencia o ubicación, sean susceptibles de ser captadas en el extranjero, para divulgar las manifestaciones de la cultura mexicana, fomentar las relaciones comerciales del país, intensificar la propaganda turística y transmitir informaciones sobre los acontecimientos de la vida nacional.
Artículo 7-A. A falta de disposición expresa en esta Ley, en su Reglamento o en los Tratados Internacionales, se aplicarán:
I. La Ley Federal de Telecomunicaciones;
II. La Ley de Vías Generales de Comunicación;
III. La Ley General de Bienes Nacionales;
IV. El Código Civil Federal;
V. El Código de Comercio;
VI. La Ley Federal de Procedimiento Administrativo, y
VII. El Código Federal de Procedimientos Civiles.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Por otro lado, en cuanto a concesiones y permisos, la bien llamada Ley Televisa señala:
TITULO TERCERO
Concesiones, permisos e instalaciones
CAPITULO PRIMERO
Concesiones y permisos
Artículo 13.- Al otorgar las concesiones o permisos a que se refiere esta ley, el Ejecutivo Federal por conducto de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes determinará la naturaleza y propósito de las estaciones de radio y televisión, las cuales podrán ser: comerciales, oficiales, culturales, de experimentación, escuelas radiofónicas o de cualquier otra índole.
Las estaciones comerciales requerirán concesión. Las estaciones oficiales, culturales, de experimentación, escuelas radiofónicas o las que establezcan las entidades y organismos públicos para el cumplimiento de sus fines y servicios, sólo requerirán permiso.
Artículo 14.- Las concesiones para usar comercialmente canales de radio y televisión, en cualesquiera de los sistemas de modulación, de amplitud o frecuencia, se otorgarán únicamente a ciudadanos mexicanos o a sociedades cuyas socios sean mexicanos. Si se tratare de sociedad por acciones, éstas tendrán precisamente el carácter de nominativas y aquéllas quedarán obligadas a proporcionar anualmente a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la lista general de sus socios.
Artículo 15.- La instalación de una difusora de radio que vaya a operar retransmitiendo o enlazada permanentemente a otra que no era recibida anteriormente en la localidad en que pretenda ubicarse, será considerada como una estación nueva y, en consecuencia, deberá llenar todos los requisitos respectivos.
Artículo 16. El término de una concesión será de 20 años y podrá ser refrendada al mismo concesionario que tendrá preferencia sobre terceros. El refrendo de las concesiones, salvo en el caso de renuncia, no estará sujeto al procedimiento del artículo 17 de esta ley.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 17. Las concesiones previstas en la presente ley se otorgarán mediante licitación pública. El Gobierno Federal tendrá derecho a recibir una contraprestación económica por el otorgamiento de la concesión correspondiente.
Artículo reformado DOF 27-01-1970, 11-04-2006
Artículo 17-A. La Secretaría publicará en el Diario Oficial de la Federación el programa de concesionamiento de frecuencias de radiodifusión.
Para determinar la ubicación de las estaciones de radiodifusión y las demás características de las frecuencias que serán licitadas, la Secretaría considerará:
I. Los fines de la radio y televisión previstos por el artículo 5 de la presente ley;
II. Las condiciones del mercado del servicio de radiodifusión en la plaza o región de que se trate, y
III. Las solicitudes que, en su caso, le hayan sido presentadas previamente por los interesados.
Cualquier interesado podrá solicitar dentro de los 30 días naturales siguientes a la publicación del programa, que se liciten frecuencias y coberturas geográficas adicionales o distintas de las ahí contempladas. En estos casos, la Secretaría resolverá lo conducente en un plazo que no excederá de 30 días naturales.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-B. La Comisión deberá publicar la convocatoria para la licitación de nuevas concesiones en el Diario Oficial de la Federación, poniendo a disposición de los interesados las bases de la licitación en un plazo máximo de 30 días naturales contados a partir de la citada publicación.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-C. La convocatoria deberá contener:
I. Frecuencia a través de la cual se prestara el servicio objeto de la licitación, potencia y zona geográfica de cobertura;
II. Los requisitos y plazos que deberán cumplir los interesados en participar en la licitación; y
III. Formas de adquisición de las bases de licitación.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-D. Las bases de licitación deberán contener:
I. Procedimiento y plazos;
II. Información y documentación que se requerirá de los solicitantes;
III. Montos y formas de las garantías y derechos que deberán cubrir los participantes;
IV. Especificaciones de los requisitos señalados en el artículo 17-E, y
V. Modelo del título que será otorgado.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-E. Los requisitos que deberán llenar los interesados son:
I. Datos generales del solicitante y acreditamiento su nacionalidad mexicana;
II. Plan de negocios que deberá contener como mínimo, los siguientes apartados:
a) Descripción y especificaciones técnicas:
b) Programa de cobertura;
c) Programa de Inversión;
d) Programa Financiero, y
e) Programa de actualización y desarrollo tecnológico.
III. Proyecto de producción y programación;
IV. Constituir garantía para asegurar la continuación de los trámites hasta que la concesión sea otorgada o negada, y
V. Solicitud de opinión favorable presentada a la Comisión Federal de Competencia.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-F. Dentro de los 15 días hábiles siguientes a la fecha de recepción, se prevendrá al solicitante de la información faltante o de aquella que no cumpla con los requisitos exigibles, quien tendrá un plazo de hasta 15 días hábiles, a partir de la prevención de la Comisión, para la entrega de la información requerida.
Si no se hace requerimiento alguno de información dentro del plazo señalado, no se podrá descalificar al solicitante argumentándose falta de información.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-G. La Comisión valorará, para definir el otorgamiento de la concesión, la congruencia entre el Programa a que se refiere el artículo 17-A de esta ley y los fines expresados por el interesado para utilizar la frecuencia para prestar el servicio de radiodifusión, así como el resultado de la licitación a través de subasta pública.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-H. Concluido el procedimiento de licitación, quedará sin efecto la garantía que se hubiera constituido para asegurar la continuidad del trámite de solicitud.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-I. Dentro de los 30 días siguientes a la notificación de la resolución que declare al ganador de la licitación, éste deberá acreditar el pago de la contraprestación a que se refiere el artículo 17 de esta Ley.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 17-J. Una vez acreditado el pago a que se refiere el artículo anterior, la resolución que declare al ganador de la licitación deberá ser presentada al Secretario de Comunicaciones y Transportes para la emisión del título de concesión. A su vez, se deberá notificar a los participantes que no hubiesen sido seleccionados, con fundamento en la misma resolución.
El título de concesión será publicado, a costa del interesado, en el Diario Oficial de la Federación.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 18. (Se deroga)
Artículo reformado DOF 10-11-1980. Derogado DOF 11-04-2006
Artículo 19. Cuando a juicio de la Secretaría las solicitudes presentadas no aseguren las mejores condiciones para la prestación de los servicios de radiodifusión, las contraprestaciones ofrecidas no sean satisfactorias o ninguna de las solicitudes cumpla con los requisitos exigidos en la convocatoria o las bases de licitación, declarará desierto el procedimiento concesionario a que se refiere el artículo 17-B, sin responsabilidad alguna para esa Dependencia.
Artículo reformado DOF 27-01-1970, 10-11-1980, 11-04-2006
Artículo 20. Los permisos a que se refiere la presente Ley se otorgarán conforme al siguiente procedimiento:
I. Los solicitantes deberán presentar, cuando menos, la información a que se refieren las fracciones I, III, IV y V del artículo 17-E de esta Ley, así como un programa de desarrollo y servicio de la estación;
II. De considerarlo necesario, la Secretaría podrá sostener entrevistas con los interesados que hubiesen cumplido, en su caso, con los requisitos exigidos, para que aporten información adicional con relación a su solicitud. Lo anterior, sin perjuicio de la demás información que la Secretaría considere necesario recabar de otras autoridades o instancias, para el cabal conocimiento de las características de cada solicitud, del solicitante y de su idoneidad para recibir el permiso de que se trate.
III. Cumplidos los requisitos exigidos y considerando la función social de la radiodifusión, la Secretaría resolverá a su juicio sobre el otorgamiento del permiso.
La duración de los permisos no excederá de 20 años, renovables por plazos iguales.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 21. Las concesiones y permisos contendrán, cuando menos, lo siguiente:
I. El nombre del concesionario o permisionario;
II. El canal asignado;
III. La ubicación del equipo transmisor;
IV. La potencia autorizada;
V. El sistema de radiación y sus especificaciones técnicas;
VI. El horario de funcionamiento;
VII. El nombre, clave o indicativo;
VIII. Término de su duración;
IX. Área de cobertura;
X. Las contraprestaciones que, en su caso, el concesionario se hubiere obligado a pagar como consecuencia de la licitación pública prevista en el artículo 17 de esta ley, así como las demás contraprestaciones que se hubieren previsto en las bases de la licitación del procedimiento concesionario;
XI. La garantía de cumplimiento de obligaciones, y
XII. Los demás derechos y obligaciones de los concesionarios o permisionarios.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 21-A. La Secretaría podrá otorgar permisos de estaciones oficiales a dependencias de la Administración Pública Federal Centralizada, a las entidades a que se refieren los artículos 2, 3 y 5 de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales, a los gobiernos estatales y municipales y a las instituciones educativas públicas.
En adición a lo señalado en el artículo 20 de esta ley, para otorgar permisos a estaciones oficiales, se requerirá lo siguiente:
I. Que dentro de los fines de la estación se encuentre:
a) Coadyuvar al fortalecimiento de la participación democrática de la sociedad, garantizando mecanismos de acceso público en la programación;
b) Difundir información de interés público;
c) Fortalecer la identidad regional en el marco de la unidad nacional;
d) Transparentar la gestión pública e informar a la ciudadanía sobre sus programas y acciones;
e) Privilegiar en sus contenidos la producción de origen nacional;
f) Fomentar los valores y creatividad artísticos locales y nacionales a través de la difusión de la producción independiente, y
g) Los demás que señalen los ordenamientos específicos de la materia.
II. Que dentro de sus facultades u objeto se encuentra previsto el instalar y operar estaciones de radio y televisión;
III. Tratándose de dependencias de la Administración Pública Federal, acuerdo favorable del titular de la dependencia;
IV. En el caso de los gobiernos estatales y municipales, acuerdo del titular del poder ejecutivo del Estado o del presidente municipal, según corresponda;
V. En los demás casos, acuerdo favorable del órgano de gobierno de que se trate, y
VI. En todos los casos, documentación que acredite que el solicitante cuenta con la autorización de las partidas presupuéstales necesarias para llevar a cabo la instalación y operación de la estación, de conformidad con la legislación que le resulte aplicable.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Artículo 22. No podrán alterarse las características de la concesión o permiso sino por resolución administrativa en los términos de esta ley o en cumplimiento de resoluciones judiciales.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 23. No se podrá ceder ni en manera alguna gravar, dar en fideicomiso o enajenar total o parcialmente la concesión o permiso, los derechos en ellas conferidos, instalaciones, servicios auxiliares, dependencias o accesorios, a un gobierno o persona extranjeros, ni admitirlos como socios o asociados de la sociedad concesionaria o permisionaria, según corresponda.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 24.- Las acciones y participaciones emitidas por las empresas que exploten una estación radiodifusora, que fueren adquiridas por un gobierno o persona extranjeros, desde el momento de la adquisición quedarán sin efecto para el tenedor de ellas y pasarán al dominio de la nación los derechos que representen, sin que proceda indemnización alguna.
Artículo 25. Los permisos para las estaciones culturales y de experimentación y para las escuelas radiofónicas sólo podrán otorgarse a ciudadanos mexicanos o sociedades mexicanas sin fines de lucro.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 26. Sólo se autorizará el traspaso de concesiones de estaciones comerciales y de permisos a entidades, personas físicas o morales de orden privado o público que estén capacitados conforme esta ley para obtenerlos y siempre que hubieren estado vigentes dichas concesiones y permisos por un término no menor de tres años; que el beneficiario hubiese cumplido con todas sus obligaciones y se obtenga opinión favorable de la Comisión Federal de Competencia.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 27.- Para que una concesión pueda ser transmitida por herencia o adjudicación judicial o cualquier otro título, se requerirá que los causahabientes reúnan la calidad de mexicanos.
Artículo 28. Los concesionarios que deseen prestar servicios de telecomunicaciones adicionales a los de radiodifusión a través de las bandas de frecuencias concesionadas deberán presentar solicitud a la Secretaría.
Para tal efecto, la Secretaría podrá requerir el pago de una contraprestación, cuyo monto se determinará tomando en cuenta la amplitud de la banda del espectro radioeléctrico en la que se prestarán los servicios de telecomunicaciones adicionales a los de radiodifusión, la cobertura geográfica que utilizará el concesionario para proveer el nuevo servicio y el pago que hayan realizado otros concesionarios en la obtención de bandas de frecuencias para usos similares, en los términos de la Ley Federal de Telecomunicaciones.
En el mismo acto administrativo por el que la Secretaría autorice los servicios de telecomunicaciones, otorgará título de concesión para usar, aprovechar o explotar una banda de frecuencias en el territorio nacional, así como para instalar, operar o explotar redes públicas de telecomunicaciones, a que se refieren las fracciones I y II, respectivamente, del artículo 11 de la Ley Federal de Telecomunicaciones. Estos títulos sustituirán la concesión a que se refiere el artículo 21 de la presente Ley.
Los concesionarios a quienes se hubiese otorgado la autorización a que se refiere este artículo deberán observar lo siguiente:
I. Las bandas de frecuencias del espectro radioeléctrico y los servicios de telecomunicaciones que se presten en ellas, se regirán por las disposiciones aplicables en materia de telecomunicaciones;
II. El servicio de radiodifusión se regirá por las disposiciones de la presente ley, en lo que no se oponga a la Ley Federal de Telecomunicaciones.
Artículo reformado DOF 11-04-2006
Artículo 28-A. La Secretaría emitirá disposiciones administrativas de carácter general para fines de lo previsto en el artículo 28 de esta ley atendiendo, entre otros, a los siguientes criterios:
I. El uso eficiente del espectro radioeléctrico y de la infraestructura existente;
II. La promoción de la competitividad, diversidad, calidad y mejores precios de los servicios, y
III. El impulso de la penetración y cobertura de servicios.
La Secretaría vigilará que no se afecten en forma alguna los servicios de radiodifusión, ni la implantación futura de la digitalización de los propios servicios.
Artículo adicionado DOF 11-04-2006
Como podemos observar la legislación en la materia tiende a beneficiar a todo aquél que tenga los recursos económicos y tecnológicos; huelga decir que, los grandes consorcios podrán acceder a nuevas concesiones, con lo que se fortalecerá la concentración y el monopolio, o he de decir, duopolio.
Si bien es cierto que con la Ley reformada se elimina la discrecionalidad, con la que el todo poderoso Ejecutivo de la Nación, a través de su titular, el Presidente de la República, otorgaba las concesiones; ahora tenemos como resultado lo que el ex Senador Javier Corral ya advertía:
"... [La] subordinación de los poderes constitucionales al poder de las televisoras. Siempre he pensado si esta subordinación presidencial en materia de comunicación al poder de dos grandes empresarios de la televisión, tiene su base en un profundo desconocimiento del tema, o en una de las etapas de la estructura conceptual del modelo neoliberal capitalista que continúa acentuándose en el país. Me inclino por creer que esta asociación tiene su mayor base en lo segundo, aunque es evidente la manera en que otros actores cercanos se aprovechan de la ausencia de noción de Estado y desdén por la historia que caracterizan el mandato de Fox. Me refuerza esta idea, el magnífico artículo que Enrique Maza escribió para Proceso la semana pasada: "Con la ´Ley Televisa´, finalmente se articulan lo económico, lo político y lo cultural. Se cerró el círculo. Hacía falta garantizar una población crecientemente alienada, culturizada, adormecida por el aparato ideológico que justifica la acumulación de poder y de dinero".
En el mismo sentido la opinión vertida por el analista Jesús Silva-Herzog Márquez en las páginas de la revista Etcétera:
"...El efecto de la ley puede ser muy grave para la vida pública. Un espacio ya dominado por un par de gigantes ha recibido permiso para hacerse de nuevas plazas. Los medios públicos han quedado definitivamente a la intemperie, más vulnerables que nunca. Justo ahora que necesitamos fortalecer espacios de comunicación pública; radios y televisoras que estimulen la diversidad de ofertas, mensajes y voces, encontramos la decisión del Congreso mexicano de encoger la casa pública, de obstruir la competencia y beneficiar, una vez más, a los mimados. El imperio de lo privado ha quedado protegido de los fastidios de la competencia. La protesta de las emisoras públicas es elocuente: a partir de ahora, escucharemos la monotonía de una sola tonada..."
En un país como el nuestro –México- en el cual la relación entre los medios de radiodifusión –para hablar en los mismos términos que lo hace la Ley- ha sido siempre de mutua conveniencia, resulta complicado hablar de una legislación de medios que sea congruente, pero sobre todo eficaz.
Desde los tiempos del ex presidente Díaz Ordaz al imponer a los medios los llamados tiempos fiscales – 12.5 % del tiempo aire- hasta el llamado decretazo del 10 de octubre de 2002 de Fox, por medio del cual se eliminaban, la modificación del reglamento de la ley de radio y televisión que tantos beneficios le generó a los empresarios, por ejemplo, en el campo de la publicidad comercial fue enorme, porque antes estaban prohibidos los infomerciales de varias horas y el reglamento los permitió; la política de transición a la televisión digital que fue favorable a los intereses de las televisoras y que todo lo que ellos solicitaron en ese sentido, simplemente la SCT lo ratificó, obviamente con el aval del Ejecutivo; el refrendo de las concesiones hasta 2021; La Ley Televisa y el Acuerdo de Convergencia. Ha sido una relación, no de amor-odio, sino de burda –pero efectiva- conveniencia. Ya lo vimos en las pasadas campañas electorales, con el resultado ya por todos conocido.
En cuestión de legislación de medios, México está en pañales, no por falta de conocimiento, sí por exceso de cinismo.
DERECHO A LA INFORMACIÓN
El derecho a la información es un derecho fundamental reconocido al final del artículo 6º de la Constitución Mexicana desde 1977: "El Derecho a la Información será garantizado por el Estado". Es la garantía fundamental que tiene toda persona para obtener información (noticias, datos, hechos, opiniones e ideas), informar y ser informada, de forma compatible con otros derechos humanos, engloba tanto libertades individuales (libertades de pensamiento, expresión e imprenta) como otras de carácter social (el derecho de los lectores, escuchas o espectadores a recibir información objetiva, oportuna y el acceso a la documentación pública).
Las libertades de expresión, de escribir y de publicar fueron recogidas y protegidas en México desde los orígenes de su derecho constitucional. Tal como documenta Jorge Carpizo, los Elementos Constitucionales de 1811, en su artículo 29, establecen la libertad de imprenta en temas científicos y políticos con fines ilustrativos. De las libertades de expresión e imprenta se ocuparon expresamente los artículos 371 de la Constitución de Cádiz de 1812, el 49 de la de Apatzingán de 1814, el 31 del Acta Constitutiva de la Federación Mexicana de 1824, el 50 de la Constitución Federal de 1836, el 9, 10, 11 y 12 de las Bases Orgánicas de 1843 y el 6 y 7 de la Constitución de 1857, predominando el pensamiento de que la libertad supone: libertad de pensar, hablar, escribir, imprimir y hacer todo aquello que no ofendiese los derechos de los demás. Hasta 1867 se puede generalizar que se reconoció y protegió la libertad de expresión y sus manifestaciones más importantes, se prohibió la censura previa en varios documentos constitucionales, las libertades debían ser compatibles con otras como la vida privada, los derechos de terceros, etcétera, y que había una remisión general a leyes específicas para la reglamentación de las libertades y derechos.
En los artículos 6 y 7 de la Constitución de 1857 quedaron plasmadas estas ideas, ratificadas y vigentes en los mismos artículos constitucionales de la actual Constitución de 1917. El artículo 6º de ambas establece:
La manifestación de las ideas no puede ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de terceros, provoque a algún crimen o delito, o perturbe el orden público.
Desde 1917, este artículo sólo se ha reformado en una ocasión para adicionarle una oración clave: "El derecho a la información será garantizado por el Estado".
Desde 1917 hasta la actualidad no se reglamentó este derecho, aunque México siguió adhiriéndose a diversos tratados internacionales y en teoría adoptando sus premisas. Como explica Beatriz Solís, en 1976 la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas de Comunicación, realizada en San José de Costa Rica bajo los auspicios de la UNESCO y con la participación de 21 países latinoamericanos (incluido México), en el marco del debate internacional sobre la información y la comunicación, se reconoció la existencia de sectores de la población con un aislamiento informativo grave. En sus recomendaciones escritas destaca la responsabilidad de los Estados para determinar políticas nacionales de comunicación -concebidas en el contexto de las propias realidades de la libre expresión y el respecto a los derechos individuales y sociales- y a la necesidad de crear Consejos Nacionales de Políticas de Comunicación en los que participen los grupos interesados y los sectores sociales de base según el derecho interno de cada país.
El derecho a la información constituye así, un complejo de derechos que dicen tener relación tanto con el sujeto que informa, como con quien recibe dicha información.
Así, en relación al informador se estructuran los siguientes derechos se tiene en consideración el artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica:
a) Derecho a investigar y buscar informaciones y opiniones;
b) Derecho a difundir informaciones de relevancia pública por cualquier medio y opiniones;
c) Derecho a difundir informaciones u opiniones:
d) Derecho a no ser censurado ni objeto de restricciones preventivas en forma explícita o implícita, directa o indirecta, a excepción de medidas destinadas a proteger la moral de menores o adolescentes o en casos de estados de excepción constitucional:
e) Derecho de acceso a las fuentes de información;
f) Derecho al secreto profesional periodístico y a la reserva de la fuentes;
g) Derecho a la cláusula de conciencia;
h) Derecho al acceso y utilización de los instrumentos y medios naturales o tecnológicos necesarios que permitan emitir las opiniones o informaciones.
Por lo que respecta al informado, éste tiene los siguientes derechos:
a) Derecho a recibir opiniones e informaciones
b) Derecho a seleccionar la información que recibe y los medios a través de la cual recibirla:
c) Derecho a ser informado veraz y oportunamente;
d) Derecho a que sea preservada su honra y vida privada;
e) Derecho a rectificación o respuesta
f) Derecho a solicitar la imposición judicial de las responsabilidades civiles y penales en los casos determinados por el ordenamiento jurídico.
Para el caso de México, todo lo anterior es letra muerta, o he de decir abandonada, intocada, olvidada.
Al no haber una ley reglamentaria del artículo 6º Constitucional que garantice de forma eficaz el derecho a la información –en todos los sentidos-, esto se convierte en una irresponsabilidad social, que deviene en una cultura de la ilegalidad y la impunidad en la que nos encontramos inmersos.
ÉTICA
El término ética proviene del griego ethos, que significa el carácter, el modo de ser a través de los actos y los hábitos. La ética de la información, por tanto, se encuentra directamente vinculada al perfil moral del periodista: cómo quiere vivir, cómo se ve a sí mismo, cuáles son las valoraciones morales que aplica al momento de recabar y difundir la información, y qué relación debe existir entre el público y su tratamiento periodístico. La ética es, como dice Hazel Barnes, "un control interior que el individuo ejerce sobre sí mismo", y su fin es el deber para consigo mismo y los demás. Se trata, pues, de una filosofía normativa de la conducta que permite al periodista elegir, entre distintas opciones, cuál debe ser el camino correcto en cuanto a la distribución de los beneficios generados en el ejercicio de su profesión.
Dos puntos están presentes en todas las consideraciones éticas de un periodista: libertad de prensa y responsabilidad. La función social del periodismo radica en que los periodistas ejercen en nombre de la opinión pública —de la sociedad— la libertad de expresión y el derecho de acceso a la información, lo cual implica una responsabilidad moral y política, que debe ser regulada de alguna manera. La formación técnica del periodista profesional es importante, pero no es posible soslayar los aspectos ideológicos, políticos y sociales. Las posibles implicaciones de una información exigen que el periodista desarrolle además su capacidad de análisis, es decir: que busque significados, alcances, límites y consecuencias. Los medios de comunicación tienen la obligación de cumplir sus funciones de manera responsable y evitar trastocar sus funciones de comunicadores a manipuladores.
Según el periodista Marco Lara, la información constituye básicamente un bien público y por ello su canal para llegar a la sociedad —o sea, el medio— es una empresa sui géneris, sin importar que sea de carácter público, social o privado. Es sui géneris porque, cuales sean sus fines explícitos, es una empresa de responsabilidad social.
Recientemente, la exposición pública, en forma de campaña mediática, de un pretendiente a una precandidatura por la presidencia de la república en un partido político de nuestro país por supuestos actos de corrupción lo orilló a declinar en sus aspiraciones, cambiando el escenario de la carrera por la primera magistratura. Fue, sin duda, un conflicto de intereses de repercusión nacional en el que los medios de comunicación actuaron como fiel de la balanza. Ese es el poder de los medios, que de esa manera asumen el papel de protagonistas y no de portadores de la noticia.
Javier Darío Restrepo —maestro de periodismo colombiano— señala que la función de la prensa como "cuarto poder" no reside en su capacidad de hacer escándalo o poner en evidencia; el verdadero cuarto poder, señala, es el poder de la gente informada, quien puede así comenzar a pensar y a actuar para formar paso a paso la sociedad en la que aspira a vivir.
En México, los medios de comunicación suelen actuar sin parámetros claros. Muy pocos cuentan con códigos de ética y todavía son menos los que los hacen públicos, cuando este tipo de instrumentos resultan ser un recurso útil para definir criterios editoriales y transparentar las reglas de su trabajo ante sus auditorios. No contar con uno o no darlo a conocer es una forma potencial de evadir su compromiso con el público al que sirven. De acuerdo con el periodista José Fonseca, "los jueces de cuáles medios se apegan a sus códigos de ética son finalmente los lectores, los radioescuchas y los televidentes. Ellos deciden a quién leen, a quién escuchan, qué noticieros o reportajes ven. Ese es el peor castigo".
Un código de ética no es un reglamento de trabajo; es un conjunto de enunciados que determinan el mejor comportamiento posible por parte de quienes aceptan formar parte del proceso informativo. También puede ser un mecanismo de defensa gremial que ampare a los trabajadores de la información, a fin de que no sean obligados por los dueños de los medios a cumplir con tareas contrarias a esos principios.
No obstante, la carencia de códigos de ética se debe a una resistencia opuesta desde los mismos medios. En su mayoría, el rechazo de los periodistas a la normativa ética se debe a la falta de una formación profesional integral, por lo que es necesario crear y mantener una clara consciencia de lo que es y significa la comunicación social, sus avances y compromisos, su trascendencia y limitaciones. Katia D"Artigues, por ejemplo, comenta respecto a una cuestión ética bien definida: "Estoy de acuerdo con que los personajes públicos tienen derecho a tener y mantener una vida privada respetada por los medios. Pero viene la eterna pregunta, ¿hasta dónde es privada la vida de una persona pública? El caso es típico del periodismo de espectáculos, donde si se aplicara un código de ética estricto desaparecerían muchas publicaciones, programas de televisión y radio".
Además, actualmente no se pude separar la ética informativa de la deontología empresarial, condicionada por el fenómeno de la oferta y la demanda, que tiene como ley la obtención del máximo beneficio al mínimo costo posible, generando una moral egoísta e individualista que conlleva al afán de lucro. El sector económico actúa como grupo de presión sobre el sector profesional de la información, al que pone en trance de traicionar los ideales éticos informativos sometiendo la verdad al lucro y la libertad de expresión y de conciencia a los intereses de accionistas, empresarios y políticos. No cabe alegar de manera simplista que la misión de los comunicadores es informar, como si eso se pudiera hacer de una manera indiferente y aséptica. Los informadores más imparciales esperan al menos una compensación económica justa y un mínimo de aceptabilidad por parte del público. Lo corriente es que se busque algo más. Un comunicador es humanamente incapaz de despojarse de gustos, aficiones o necesidades, con igual dificultad para desentenderse de exigencias sociales, por lo que el conflicto entre ética e intereses personales o de grupo es permanente.
Leonardo Curzio comenta al respecto: "Uno de los riesgos menos sistemáticos, pero no por ello menos potenciales, que afrontan los comunicadores en un contexto dominado por las leyes del mercado, es el de una hipotética censura por parte de los anunciantes. La posibilidad de coartar la libertad de expresión y de información en una economía de mercado no viene solamente del gobierno, el poder de los anunciantes puede ser en potencia excesivo. El dilema de un comunicador frente a una censura de los anunciantes no está considerado explícitamente como un riesgo a la libertad de expresión y me parece evidente que todo poder (el del gobierno, el de los medios y, en este caso, también el de los patrocinadores) debe ser reglamentado para evitar abusos. Un medio debe fijar en su código de ética qué haría en caso de un conflicto de intereses entre una información y un patrocinador. Si decide silenciar la información su autonomía real quedaría en entredicho y si decide publicarla ¿cómo garantizaría su supervivencia?, y, en última instancia, debería anticipar si denunciaría o no la presión del anunciante. Este es un tema escabroso, incómodo, sobre el que, sin embargo, tendremos que pronunciarnos algún día".
Uno de los principales diques para la aplicación de la normativa deontológica en México lo representa la estructura de propiedad de los medios de comunicación en manos del duopolio televisivo y la conversión de la noticia en mercancía. Como recursos para desacreditar los esfuerzos para establecer normas a la actividad profesional de periodistas, los opositores tratan de contraponerlas a la legislación de los medios de comunicación, al derecho a la libertad de expresión y al acceso a las fuentes de información. Aun cuando son campos diferentes que no se confrontan entre sí.
Por su parte, el poder ejecutivo y los concesionarios, en diversos foros y a través de todos los medios a su alcance —que no son pocos— durante muchos años se manifestaron renuentes a revisar, actualizar, reformar, o derogar cualquier aspecto de nuestro régimen legal en materia de medios de comunicación, intentando convencer a la sociedad de la inconveniencia de hacerlo, de que las cosas estaban bien como estaban, y que lo único por hacer era instrumentar la autorregulación y un código de ética. La modificación de las leyes para los medios electrónicos que por fin se dio el año pasado nada tuvo que ver con la regulación de los contenidos.
Es loable que los concesionarios, los periodistas y los políticos, se conduzcan con autorregulación y apego a principios éticos y, mejor aún, que los apliquen también en su conducta personal. Pero nadie puede estar al margen de las leyes. La autorregulación y los códigos de ética, por excelentes que sean, siempre serán opcionales, es decir, pueden o no ser respetados. Las leyes, en cambio, son normas para regular las relaciones dentro de la sociedad y para garantizar una convivencia armónica y, en un estado de derecho, todos los individuos deben someterse a ellas, es decir, son de acatamiento obligatorio.
La radio lleva 80 años de existencia en el país, la televisión más de 50. No más de 15 grupos controlan la primera, mientras que sólo 2 grandes cadenas acaparan la segunda. El ejecutivo, mientras tanto, sigue siendo el único que puede otorgar o revocar los permisos o las concesiones para operar estaciones de radio y/o televisión. La diversificación de las concesiones es, pues, un asunto de la mayor relevancia, si queremos acceder a vivir en un estado democrático.
Pero para que se dé una diversificación de las concesiones y/o permisos, como la planteada, es menester acabar con la facultad discrecional del ejecutivo en su otorgamiento, que es la que a lo largo de toda la vida de los medios ha permitido construir toda una red de complicidades y relaciones que se antojan perversas, con el propósito de protegerse mutuamente y perpetuarse en el poder, dentro de un sistema que hoy, más que nunca, es incompatible con las aspiraciones de la sociedad y los derechos de la ciudadanía. Lograr esta diversificación es una labor que le corresponde al poder legislativo y que debe anteponerse imperativamente a los códigos de ética.
Sin embargo, no todas las historias son obscuras; también hay historias de lucha y servicio del periodismo a quienes verdaderamente debe rendirlo: sus lectores.
En un punto intermedio entre el código de ética y la ética profesional, existe en algunos diarios un mecanismo que se encarga de coordinar un ejercicio de autocrítica para todo el medio, pues toma en cuenta la perspectiva de los lectores y las contrasta con el trabajo que se lleva a cabo en su periódico. En periódicos como Milenio Diario la defensoría del lector es llevada por un periodista emérito cuyo trabajo es conducir al lector —y a sus compañeros periodistas— a la profundización y reflexión sobre lo que el contenido de las notas provoca en el público.
La defensoría del lector no es un ejercicio de autocensura. No se trata de coartar la libertad de expresión ni la creatividad en el trabajo periodístico; el trabajo de la defensoría ofrece instrumentos tanto al público como a los trabajadores del medio para reflexionar sobre los contenidos y sus repercusiones.
En pocas palabras, el oficio se ejerce desde el lugar que el propio medio ha designado para ser su conciencia, y su función consiste en recordar que el derecho a la información no es de quien emite, sino de quien recibe la noticia.
¿Será necesario que exista en todos nuestros medios consolidados un defensor del lector? Posiblemente, porque ninguna organización humana puede evolucionar si no ejerce una crítica sobre la pertinencia de su labor.
Pero caemos también en un problema: la competencia y el mercado que imponen a los medios el sensacionalismo y la superficialidad que representa mayores ventas. ¿Es esto lo que se merece el público? ¿Contribuye a hacernos mejores personas exponernos día con día a contenidos que solo reflejan superficialidades y despilfarro? ¿Existe una postura crítica en la sociedad para elegir el tipo de productos culturales que consume? ¿Quién marca la pauta? ¿La sociedad o el mercado? ¿No terminará el "defensor del lector" convirtiéndose en una voz clamando en el desierto?
Por otro lado, el propósito de la formación universitaria no estriba únicamente en preparar a las nuevas generaciones para reproducir la cultura, o desarrollar en los estudiantes capacidades para ejercer una profesión en automático.
Quien accede a la educación superior debe tener la oportunidad de convertirse en un crítico de su realidad, en alguien capaz de innovar y hacer evolucionar su profesión.
Esto es un reto tanto para el docente como para el estudiante. El profesor tiene la responsabilidad de conducir al discípulo hacia la integración de una serie de conocimientos que le permitan desarrollar una propuesta personal sobre el ejercicio de una actividad profesional. El estudiante deberá asumir el reto que significa apropiarse del conocimiento y convertirse en un sujeto promotor de su propio aprendizaje.
El trabajo en la universidad debe conducir a la formación de profesionales reflexivos. En otras palabras, a desarrollar personas capaces de hacer, reflexionar sobre lo que se hace, evaluar el resultado y tomar decisiones para mejorar su capacidad de actuar; personas que entienden el significado del concepto de "responsabilidad social".
Esto implica formar con miras a que los estudiantes que se gradúen de la universidad presenten una serie de características que nos lleven a calificarlos como "profesionales reflexivos" en materia de trabajo periodístico: tener presente el interés de los lectores antes que el propio; enfocar la mirada hacia situaciones que representan auténticos pendientes sociales sobre los que vale la pena llamar la atención para que los lectores comencemos a preocuparnos por resolverlos; pendientes que no se ignoran, pero que de tanto formar parte del paisaje terminamos por acostumbrarnos a ellos; buscar un balance en la información para que sea el lector quien se forme una opinión propia; ayudar a construir y mantener, a través de las noticias, la idea de que la sociedad puede ser más justa y segura si todos ponemos de nuestra parte.
Considerando que los medios producen información, y que esta es resultado del trabajo de los periodistas, el "defensor del lector" saldría sobrando si cada persona que trabaja para el medio ha sido formado como un profesional reflexivo —en el sentido de que es capaz de ser crítico con su trabajo, partiendo de la premisa que su función es darle al lector los elementos para que pueda formarse sus propias ideas y tome sus propias decisiones— y autónomo, en el sentido de que es él quien se fija y sigue sus propias normas, entendiendo cuál es su responsabilidad social y para con su público. A fin de cuentas, la ética no es un código de conducta, es un saber que se forma a partir de la reflexión sobre la propia experiencia y que nos permite elegir las acciones que llevaremos a cabo.
El trabajo periodístico requiere de una vinculación permanente con la realidad, de vivirse con los cinco sentidos y tener presente, siempre, que —como dice Kapuscinsky— "los cínicos no sirven para este oficio".
En el último de los casos, en nuestro país parece necesario imponer la obligación a los medios de contar con un código de ética con un contenido genérico mínimo, hacerlo público y crear una comisión permanente ajena a las empresas informativas encargada de regular su observación.
De lo que se trata es de evitar casos como el de Televisa, que emplea repetidamente términos tan imprecisos como razonable, correcto o aceptable como directrices de su código de ética, además de no tratar en absoluto lo directamente relacionado con la transmisión de información. Llega al punto de incluir una cláusula que a la letra dice: "En nuestra Empresa todo trabajador es considerado como una persona que posee: la obligación de tratar a los demás como espera ser tratado". Mientas que Televisión Azteca procura regirse de acuerdo a una escueta serie de principios editoriales y criterios informativos plasmados en un documento cuya primera parte contiene una lista de lo que parecen ser definiciones o reflexiones personales sobre conceptos como libertad de mercado y seguridad pública, y que en su segunda parte presenta trece puntos vagos, de los que, por ejemplo, el quinto es simplemente "no difamar". Por su parte, el diario El Economista cuenta con un código de ética que consta de ocho puntos, generalizados a tal grado que el más extenso consta de 149 caracteres sin contar los espacios.
En cambio, encontramos casos alentadores en los diarios La Crónica de Hoy y El Universal, Once Noticias, Imagen Informativa y Grupo Radio Centro, que poseen códigos más completos y precisos, aunque en el de este último se encuentran errores de redacción tales como, "estamos comprometidos en no comprometer" y "las obligaciones que se contraten a través de cada contrato", lo que habla, por lo menos, de falta de seriedad en su elaboración.
Fuentes de consulta para el apartado sobre ética
Blázquez, Niceto. Ética y medios de comunicación. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1994.
Ramírez, Armando. Ética y profesionalización en el periodismo mexicano.
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/RMC/rmc86/etica.html
Fundación Manuel Buendía. Ética y deontología de la información.
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/Tables/FMB/librosenlinea/codigos/etica.html
Castillo, Luz. Responsabilidad social del comunicador y ética: de la deontología a la defensoría del lector y de ahí al profesional reflexivo y autónomo.
En http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n42/lcastillo.html
Diazmercado, Mario. Código de ética, Autorregulación o Nueva Ley de Comunicación Social.
En http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n17/17mdiazmercado.html
Fonseca, José. Que cada medio publique su código.
http://www.etcetera.com.mx/pag73ne1.asp
D"Artigues, Katia. Un terreno escabroso.
http://www.etcetera.com.mx/pag65ne2.asp
Curzio, Leonardo. Patrocinadores y filtraciones.
http://www.etcetera.com.mx/pag71ne1.asp
Lara, Marcos. Códigos, moda para legitimarse.
http://www.etcetera.com.mx/pag74ne1.asp
Televisa. Código de ética.
http://www.etcetera.com.mx/pag42ne44.asp
El Economista. Código de ética.
http://www.economista.com.mx/corporativo/bienvenido/codigo_etica.html
TV Azteca. Principios editoriales.
http://www.prende.org.mx/info/legislacion/codigos/mex_tvazteca.htm
El Universal. Código de ética.
http://www.eluniversal.com.mx/disenio/directorios06/codigo.htm
La Crónica de Hoy. Código de ética.
http://www.cronica.com.mx/codigo.php
Once Noticias. Código de ética.
http://www.prende.org.mx/info/legislacion/codigos/mex_once.htm
Imagen Informativa. Código de ética.
http://www.prende.org.mx/info/legislacion/codigos/mex_imagen.htm
Grupo Radio Centro. Código de ética para empleados y funcionarios.
http://www.grc.com.mx/grc/grccorp.nsf/vwIMGS/Inver/$File/codigoetica.pdf
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Por JUAN SALVADOR OROZCO GONZÁLEZ, JORGE ARTURO PIÑA VILLAFUERTE - 12 de Enero, 2007, 11:10, Categoría: General
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Las TIC y la Sociedad de la Información
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Daniela Albavera Sánchez
Arturo Sánchez Jiménez
Emilio López Olmos
Teorías de la comunicación II
Las TIC y la Sociedad de la información
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación forman parte de la cultura tecnológica que nos rodea y con la que debemos convivir. El uso extensivo y cada vez más integrado de las TICs es una característica y factor de cambio de la sociedad actual.
Sus principales aportaciones a las actividades humanas es que nos facilitan la realización de nuestros trabajos porque, sean éstos los que sean, siempre requieren una cierta información para realizarlo, un determinado proceso de datos y a menudo también la comunicación con otras personas; y esto es precisamente lo que nos ofrecen las TICs: fácil acceso a todo tipo de información, especialmente a través de la televisión e Internet, así como a CD’s, DVD, etc.
A través de la Internet podemos comunicarnos instantáneamente con personas de cualquier parte del mundo, incluso el idioma ya no es una barrera, ya que a través de programas informáticos, o en la misma Internet, podemos encontrar traductores que nos trasladan la información en segundos al idioma que deseemos. Con el uso de los equipos adecuados se puede captar cualquier información y convertirla a cualquier formato para almacenarla o distribuirla.
La Internet nos permite hacer casi todo lo que hacemos en el mundo real, en una realidad virtual, y además nos permite desarrollar nuevas actividades, contactar con foros y personas de todo el mundo, localizar inmediatamente cualquier tipo de información.
Las TICs agrupan un conjunto de sistemas necesarios para administrar la información, y especialmente los ordenadores y programas necesarios para convertirla, almacenarla, administrarla, transmitirla y encontrarla.
La revolución tecnológica que vive la humanidad actualmente es debida en buena parte a los avances significativos en las tecnologías de la información y la comunicación. Los grandes cambios que caracterizan esencialmente esta nueva sociedad son: la generalización del uso de las tecnologías, las redes de comunicación, el rápido desenvolvimiento tecnológico y científico y la globalización de la información.
La introducción de estas tecnologías implica un cambio de nuestra sociedad. Se habla de sociedad de la información. Se trata de un cambio en profundidad de la propia sociedad. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación designan a la vez un conjunto de innovaciones tecnológicas pero también las herramientas que permiten una redefinición radical del funcionamiento de la sociedad.
La expansión de las tecnologías de la información y la comunicación basadas en la microelectrónica, la informática, la robótica y las redes de comunicaciones se esta produciendo a gran velocidad en todos los ámbitos socioeconómicos y de las actividades humanas configurando la nombrada Sociedad de la información.
Para todo tipo de aplicaciones educativas, las TIC son medios y no fines. Es decir, son herramientas y materiales de construcción que facilitan el aprendizaje, el desarrollo de habilidades y distintas formas de aprender, estilos y ritmos de los aprendices. Del mismo modo, la tecnología es utilizada tanto para acercar al aprendiz al mundo, como el mundo al aprendiz.
En las sociedades actuales, la productividad dependerá del desarrollo de nuevas tecnologías, las cuales permitirían al hombre hacer menos y pensar más o, quizás, pensar menos.
Las TICs son causa y consecuencia de las transformaciones estructurales que favorecen la transición de las sociedades industrializadas del mundo globalizado a sociedades de la información.
Todas las personas, sin ningún tipo de distinción, tendrán el poder efectivo de crear, recibir, compartir y utilizar la información y el conocimiento en cualquier medio de información, prescindiendo de las fronteras. Es decir, todas las personas que tengan acceso a las tecnologías, lo cual dependerá, en buena medida, de sus condiciones económico-sociales particulares.
Muy pocas personas hoy en día se encuentran fuera de la esfera de influencia de la Red de Redes, la cuál día con día aumenta su importancia y su alcance en cientos de miles de nuevos usuarios. La Internet es una herramienta efectiva del proceso de globalización y acerca lo mismo a un estudiante mexicano universitario conectado en su campus, que a un hombre de negocios europeo en su centro de trabajo o a un niño coreano en un cibercafé cerca de su casa. Y su expansión se ve ayudada por programas nacionales e internacionales que buscan promover su adopción en países que todavía no la han aprovechado, mercados que aunque con desventajas económicas, sociales y culturales, prometen ayudar a disminuir las brechas de información entre todos los habitantes del mundo.
Los progresos de la ciencia han sido muy rápidos en los países desarrollados; en cambio, en los países subdesarrollados su adquisición es tan lenta que cada día la diferencia entre dos tipos de países se hace más grande. Dicho retraso contribuye a mantener e incluso a agravar la situación de dependencia de los países subdesarrollados con respecto a los desarrollados.
Como la ciencia ha pasado a formar parte de las fuerzas productivas en mucha mayor medida que nunca, se le considera un agente estratégico del cambio en los planes de desarrollo económico y social.
La sociedad de hoy no esta cautiva en las condiciones pasados o en las presentes, sino que se orienta hacia el futuro. La ciencia no es simplemente uno de los varios elementos que componen las fuerzas productivas, sino que ha pasado a ser un factor clave para el desarrollo social, que cala cada vez más a fondo en los diversos sectores de la vida.
La ciencia trata de establecer verdades universales, un conocimiento común sobre el que exista un consenso y que se base en ideas e información cuya validez sea independiente de los individuos. Hay algo que pienso que es de gran importancia resaltar y es que el papel de la ciencia en la sociedad es inseparable del papel de la tecnología.
La tecnología es creada por el hombre con el fin de satisfacer una necesidad, esta necesidad es la causa de la evolución de la tecnología. La tecnología se encuentra en una constante evolución y los objetos que no se adaptan simplemente desaparecen, es decir, a medida que las necesidades son mayores o, digamos, más complicadas, se necesita crear un objeto que pueda llenar el vació, el cual llega a reemplazar el anterior.
Esta claro que entre la ciencia, la tecnología y la sociedad existe una estrecha relación. Y esta estrecha relación podría considerarse hoy en día como indestructible, es decir, en nuestros tiempos la sociedad está tan ligada con estos dos señores que es imposible separarlos. No tanto imposible separarlos, sino que serian muy difícil de separar.
En nuestros tiempos todo depende de la ciencia y la tecnología, todo esta basado en la tecnología. Y cada día que pasa esta dependencia se hace mayor, algunos piensan que llegará el momento en que esta dependencia será tan amplia que entonces seremos manejados por la tecnología.
En cierta forma es cierto, hoy en día nos podemos dar cuenta que en cierto sentido somos manejados por la tecnología. Cada vez que se crea un nuevo invento tecnológico ahí estamos nosotros, nos dejamos llevar por la tecnología. Son pocos los hogares donde no hay un televisor, un radio, etc.
Estoy de acuerdo con algunos autores que dicen que la tecnología es un Dios y a la vez un demonio. Trae consigo muchas cosas buenas, pero si nos dejamos arrastrar, no se sabe hasta donde llegaremos, no sabemos que suerte correremos.
La tecnología nos proporciona felicidad, nos resuelve muchos problemas, pero muchas veces además de estos trae consigo nuevos problemas de difícil solución. Uno de los más grandes y antiguos problemas que ha traído consigo la tecnología es la contaminación, que hoy en día es un problema muy difícil de controlar.
Actualmente la irrupción y desarrollo de las nuevas tecnologías están conformando una serie de cambios estructurales, a nivel económico, laboral, social, educativo, político, de relaciones.
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Por Daniela Albavera Sánchez, Arturo Sánchez Jiménez y Emilio Ló - 9 de Enero, 2007, 16:55, Categoría: General
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GLOBALIZACIÓN Y MEDIOS
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TEORÌAS DE LA COMUNICACIÓN II
PROFA: LÓPEZ SORIA EUGENIA
TEMA: "GLOBALIZACIÒN Y CONSUMO"
ALUMNOS: ENRIQUE MALAGÒN, ADA MALDONADO, CHRISTIAN RUEDA
GRUPO: 9017
"GLOBALIZACIÒN Y MEDIOS"
Globalización, un proceso intrínsecamente injusto. El término globalización implica totalidad pues, estamos frente a una construcción ideológica que totaliza en el discurso, no obstante es un proceso objetivo, es la forma que adopta hoy la expansión capitalista, por tanto un interés, una política y también ideología, una construcción holistica. Algunos consideran que la globalización es un proceso beneficioso, una clave para el desarrollo económico futuro en el mundo, a la vez inevitable e irreversible.
Otros la ven con hostilidad, incluso temor, debido a que consideran que suscita una mayor desigualdad dentro de cada país y entre las distintas naciones, amenaza el empleo y las condiciones de vida y obstaculiza el progreso social. En este proceso lo nuevo son las tecnologías, la informática, la cibernética, las formas de explotación y la fuerza del impacto con sus consecuencias entre la gente, no en el sistema. El sistema sólo ha crecido a costa del hombre y de la naturaleza, aumentado su dominación y autoestimulado sus aspiraciones a considerarse sin alternativa.
La "globalización" económica es un proceso histórico, el resultado de la innovación humana y el progreso tecnológico. Se refiere a la creciente integración de las economías de todo el mundo, especialmente a través del comercio y los flujos financieros.
En algunos casos este término hace alusión al desplazamiento de personas (mano de obra) y la transferencia de conocimientos (tecnología) a través de las fronteras internacionales. La globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales más amplios.
Las redes de comunicación cibernética se han desarrollado como parte de un proceso que, en aras de la descripción sencilla, ha sido denominado como globalización. El intercambio intenso de mercancías más allá de aranceles y costumbres, la simbiosis de las culturas o mejor dicho su adaptación y asimilación en nuevos contextos, la velocidad con que se transmiten informaciones de toda índole, forman parte de esa idea general a la que conocemos como globalización. La manera más sencilla de explicarla, es aludir a las filas de productos extranjeros que podemos encontrar en cualquier supermercado. Pero la globalización es algo más que el vino californiano, las galletas holandesas, el agua de Perrier o hasta, para sorpresa o indignación nuestra, el tequila japonés que, en el colmo no del cosmopolitismo sino de la curiosidad ingenua, hay quienes son capaces de consumir en México. La globalización es la omnipresencia, totalizadora y envolvente, de intercambios y recursos que a menudo hacen creer que el mundo es uno sólo.
La globalización postula de nuevo un modelo centralista y ejerce su influencia totalitaria en la política internacional, en las normas jurídicas, en la comunicación, con una ética selectiva y excluyente que espera que observemos con resignación como escogen de nuestra región tal o cual recurso natural, tal o cual rama, tal o cual cerebro, y lo articulan en el lugar exacto de sus necesidades, cuando no nos exportan una tecnología contaminante.
Algunos analistas sostienen que la economía mundial estaba tan globalizada hace 100 años como hoy. Sin embargo, nunca antes el comercio y los servicios financieros han estado tan desarrollados e integrados. El aspecto más sorprendente de este proceso es la integración de los mercados financieros, que ha sido posible gracias a las comunicaciones electrónicas modernas.
El intercambio de información es un aspecto de la globalización que a menudo se pasa por alto. Por ejemplo, la inversión extranjera directa da lugar no sólo a una expansión del capital físico sino también a la innovación técnica. Con carácter más general, la información sobre métodos de producción, técnicas de gestión, mercados de exportación y políticas económicas está disponible a un costo muy bajo y representa un recurso muy valioso para los países en desarrollo.
Los medios de comunicación, cada vez más rápidos, abarcadores y eficientes, tienen el encargo de masificar la ideología de la globalización en los últimos 10 años se ha hablado, discurrido y mucho de neoliberalismo y de globalización, se ha presentado tal filosofía como lo óptimo, lo progresista, lo necesario.
Una mirada a las crecidas y crecientes desigualdades bastaría para descalificar y condenar una vez más al capitalismo; un buen ejemplo de ello son las cifras que nos sorprenden desde 1985 ha crecido la población mundial en cientos de millones de personas mientras la producción de cereales se mantienen la misma, sin crecer; no hablemos ya de las desigualdades en la distribución. Esa sola realidad demuestra la "victoria" del sistema capitalista.
Lo que sí que se globaliza, y a mucha velocidad, es la comunicación con el viejo modelo emisor-receptor, la élite elabora el mensaje, los demás lo consumen. El esquema darwiniano de la globalización expresa su cinismo en el empleo de la comunicación como reflejo activo del proceso económico, como su correlato ideológico y psicológico. Es que detrás de la libertad enarbolada no está la espontaneidad de la naturaleza sino el frío cálculo de las transnacionales. El artificio de los medios de comunicación multiplica la filosofía de la conformidad, de lo ineluctable de la realidad, en la que para colmo el pobre tiene la culpa de su pobreza. La globalización modela en sus pantallas al "Homo economicus", es decir, su ideal de persona. El empleo de los medios masivos, en particular la televisión, tiene la función de provocar reacciones y conductas uniformes tras la manipulada libertad de elegir entre decenas de canales.
Observamos que si bien una buena parte de la humanidad no ha disfrutado de los avances de la modernidad, esta nueva fase de expansión capitalista adopta una filosofía en virtud de la cual todos partimos de cero. De capitalismo imperialista no se habla, de sus culpas por las desigualdades de hoy no se habla, de nuevo se postula formalmente que todos somos libres e iguales ante el mercado que aparece como Dios y es el que impone justicia, su justicia.
Los medios de comunicación se concentran para cumplir mejor su tarea. Diversos estudiosos afirman que antes de que finalice esta década menos de diez megacorporaciones controlarán la mayor parte de los medios de comunicación más importantes del mundo.
REVOLUCIÒN DE LA INTELIGENCIA:
La tercera revolución, en la cual se encuentra inmersa aún la humanidad, es la Revolución de la Inteligencia. Cordeiro explica que esta última revolución se centra en el ser humano, en su capacidad de comunicarse y transformarse, y que la riqueza ya no estará determinada por el dinero y por las posesiones materiales sino por el conocimiento. La revolución de la inteligencia de Cordeiro es análoga a la denominada Tercera Ola de Alvin Toffler o a la Aldea Global de Mc Luhan.
La Revolución de la Información, una etapa de cambios rápidos y constantes que se inició con los grandes pasos de la computación y la informática y que tiene como hito a la Internet, esa "Red" que se reconoce como una nueva forma de comunicación humana, un nuevo salto en el proceso comunicativo.
Es así como queda claro que la evolución de la tecnología siempre ha significado
un avance en los procesos de comunicación humana y, por supuesto, ambos elementos relacionados (Tecnología y Comunicación) han soportado uno a uno los escalones de la evolución natural de nuestra especie. Esa búsqueda del hombre por mejorar su forma de vida - proceso comunicativo incluido - es lo que ha empujado la emergencia constante de nuevas y mejores tecnologías. Así mismo, cada avance en el proceso comunicativo, acompañado de evolución tecnológica, permiten que existan hoy definiciones como las de Sociedad de la Información y Sociedad del Conocimiento, ambos referidos a una era mundial donde aparentemente las posibilidades de comunicación humana ya son ilimitadas, donde la transmisión y transferencia de información se desarrolla en cantidades infinitas, desde cualquier rincón del mundo y con una rapidez increíble.
En este caso, la tecnología que se aplica para facilitar y mejorar el proceso de información y comunicación humana es entonces la que se conoce como Tecnología de Información y Comunicación (TIC).
La incorporación de las TIC a las empresas y otras instituciones está produciéndose de manera muy rápida y puede aportar prosperidad a mucha gente. Pero, de momento, existe un acceso desigual a dichas tecnologías, dependiendo del grado de desarrollo de los países.
Las TIC en la economía cambios en las grandes magnitudes. La crisis económica que estalló en 1973 agudizó la competencia entre las empresas. Las menos eficientes desaparecieron y las supervivientes modificaron las técnicas organizativas e incorporaron las TIC para ser competitivas en los ámbitos nacional e internacional. El abaratamiento de los costes del transporte ha posibilitado a más empresas la internacionalización de sus actividades.
En cuanto a las grandes magnitudes, podemos afirmar que la introducción de las TIC, el abaratamiento de los transportes y los cambios organizativos han permitido que las tasas de crecimiento de las economías en los años 80 superasen las cifras bajas de los años 70.
Pero esta recuperación ha ido acompañada de un incremento de la desigualdad y también de cambios en los diversos ámbitos del sistema económico. Tomando como base el concepto que se asume sobre Tecnologías de Información y Comunicación, éstas pueden entonces referirse incluso a las formas de comunicación más rudimentarias del hombre, porque al fin y al cabo la tecnología no es una concreción estática, sino que por el contrario es cíclica y dinámica: Lo que resulte hoy novedoso y emergente fácilmente puede ser obsoleto mañana.
Podría entonces tal definición aplicarse a la escritura, a la imprenta, al teléfono, a la radiocomunicación; en fin, a todo proceso o instrumento que en la historia de la humanidad represente un avance en cuanto a las técnicas de comunicación del hombre.
Es decir, de Tecnologías de Información y Comunicación se habla a partir del instante en que la sociedad mundial comenzó a experimentar cada vez más rápidos y continuos procesos de cambio; cambios sustentados en un constante progreso científico- tecnológico.
En tal sentido, Canga Larequi, (1988) define la tecnología de información y comunicación como un estudio sistematizado del conjunto de procedimientos que están al servicio de la información y la comunicación. Pero la concepción de Tecnologías de Información y Comunicación no puede verse de manera aislada porque se trata de una definición que se enmarca dentro de las actividades humanas. Es así como los avances en la tecnología aplicada al proceso comunicativo dependen en cierta medida de los avances tecnológicos que la humanidad logre en otras áreas del conocimiento científico y esta evolución es la que ha permitido que el proceso comunicativo del hombre tenga hoy características casi ilimitadas en cuanto a tiempo y espacio.
Bajo esta perspectiva, la concepción moderna de las tecnologías de información y comunicación comprende entonces aplicaciones, sistemas, herramientas, técnicas y metodologías asociadas a la digitalización de señales analógicas, sonidos, texto e imágenes, manejables en tiempo real. Se relaciona con equipos de computación, software, telecomunicaciones, redes y bases de datos. Porque como ya se ha dicho, la evolución del proceso comunicativo humano está directamente relacionada con la evolución tecnológica de la humanidad.
La diferencia está a la vista, cuando se habla de Medios de Comunicación de Masas, se hace referencia a instrumentos que permiten la emisión de un mismo mensaje, al mismo tiempo, a una gran cantidad de personas; Internet, por su parte, es mucho más que eso, porque ciertamente un mismo mensaje puede enviarse al mismo tiempo a una gran cantidad de personas, pero no todas las personas sabrán de él al mismo tiempo – si se trata de un email cada quien leerá el mensaje al revisar su Bandeja de Correos – y cada persona tendrá en sus manos la decisión de leerlo o no. Así también, los contenidos de un Sitio Web están al alcance de todos, pero cada individuo puede buscar entre toda la información que se le ofrezca sólo la que le resulte interesante. La gran diferencia de Internet es que si bien es de alcance masivo, (sin duda el medio de mayor alcance masivo en cuanto a espacio territorial) es totalmente personalizado y permite una interacción entre emisores y receptores jamás experimentada anteriormente.
Ferrero Barberá afirma en tal sentido que "La mayoría concibe Internet como un meta medio o, mejor, un supramedio. Es una especie de gran contenedor en el que caben todos los medios que hemos conocido hasta ahora. Internet no sería entonces un medio sino solo el canal, como el aire por el cual circulan todas las ondas."
Por su parte, Pablos, dice que "Internet, la red de redes, no es un medio de información en el sentido de (mass) media sino un medio de comunicación, en el concepto de vía de comunicación, una red, valga la metáfora, pero sólo como metáfora, de carreteras, calles y autopistas digitales, que llevan a los usuarios (hace que éstos puedan acceder) desde sus monitores de trabajo hasta los bancos de datos abiertos y a la espera de la visita de los cibernautas.
ANTECEDENTES DE LA ALDEA GLOBAL:
En mi personal punto de vista y de mis compañeros de equipo creo que ninguna exposición estaría completa sin atender a las causas del fenómeno económico-cultural denominado globalización y su vinculo directo con la ciencias de la comunicación, por lo que me permitiré remontarme a la década de los 70´s, para ser exactos a diciembre de 1973, cuando los países árabes exportadores masivos de petróleo cierran filas y forman un frente común denominado la OPEC, en la se determina una alza masiva en los precios del crudo; lo cual genera una espiral ascendente y crea una burbuja económica que desemboca en inflación, crisis y desempleo, para ese momento el mundo dividido en dos grandes bloques políticos se estremecía pues, los países capitalistas que habían abrasado el Keynesianismo económico ahora tendrían que dar un importante giro a sus estrategias pues resultaba que el capitalismo ortodoxo se basaba en un estado intervencionista rector de los más grandes beneficios sociales donde el poder político centralizado a través del gasto publico permitía la mejoría paulatina y ascendente del individuo pues lo subvencionaba prácticamente en todo, desafortunadamente la política de pleno empleo y de demanda social agregada del modelo Kaynes demostraron u ineficacia para combatir la inflación y desempleo al mismo tiempo.
El capitalismo ortodoxo estaba herido de muerte pues el sistema que enarbolaba la gran panacea era ya un pie de pagina en la historia de la economía moderna, así lo entendieron todos los ministro del reino unido cuado el secretario de trabajo de Inglaterra Denis Haykes solicito un prestamo a el FMI, el cual solo se le concedió bajo dos premisas que era reducir el gasto publico severamente y controlar la inflación. De esta maneta el organismo económico internacional aseguraba el pago de los activos y de paso trasformaba de manera definitiva las condiciones venideras.
El nuevo esquema económico se encumbro con la llegada de la dama de hierro a la primera magistratura del Reino Unido, Margaret Tatcher, la hija del tendero toma su lugar en la historia el 3 de mayo de 1979 cunado haciendo uso irrestricto de sus facultades dio la espalda al Keynesianismo e instauro la política de empresa y el monetarismo como forma y estrategia económica.
Este hecho se complemento con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de EUA, el cartel Reagan Tatcher implanto una serie de estímulos fiscales para incentivar a la gran empresa, e a este respecto cabe señalar que reducir de manera significativa los impuestos para hacer más competitivas las actividades comerciales-empresariales le restaba poder al estado, el cual quedaba relegado a un simple visor o arbitro cuya única función era la de proveer una moneda fuerte y hacer cumplir las leyes dictadas por la política de empresa.
Mas que nunca los ideales de Milton Friedman y Frederick Haynes se pusieron de moda, la empresa estaba más viva que nunca, y se encontraba al centro de todo actividad. Como ya lo hemos mencionado a lo largo de esta disertación y corroboramos en esta semblanza la Globalización es el resultado de esta amplitud de la economía pues, se asegura el mundo era tan globalizado hace cien años como lo es hoy, pero lo que hace la diferencia sustancial es la revolución tecnológica y de los medios masivos de comunicación; en efecto la situación que vivimos hoy en día podemos encuadrarla en los conceptos vertidos por el canadiense Marshall Mc Luhan y su definición de la Aldea Global la cual sugiere que esta es una comunidad mundial la cual es concretada gracias a las posibilidades de comunicación, información y electrónica, recordemos por otra parte que en esta política todo es comercializable y una mercancía invaluable es la información, el entretenimiento y las ideas.
Es decir en la aldea global además de las mercancías convencionales se fabrican información como mercancía o producto terminado las cuales son transmitidas o difundidas escala mundial y a velocidades vertiginosas, lo anterior esta estratégicamente planeado para provocar lo que se denomina independencia cultural, el cual es la mejor forma de mantener el control de la información, y de que se vende, que se comercializa, así mismo impone los hábitos de consumo, la moda, los estilos de vida, en suma homogeneiza el conocimiento, la cultura, el arte, etc. Lo anterior es una de las características de la globalización pues, el hecho de que consumamos uniformemente todo lo emanado de ella es ciertamente en lo que basa su éxito y trascendencia.
Lo realidad es que este desarrollo de las telecomunicaciones debería funcionar para hacer avanzar a las sociedades en todos los rubros, pero desafortunadamente no es así pues las desigualdades económicas son notables; a este respecto Mc Luhan nos invita a la reflexión con su idea de Fabrica Global en la cual sugiere una trasformación del capitalismo tanto cualitativamente como cuantitativamente en el sentido que la fabrica se instala mas allá de cualquier frontera, agiliza los mercados y trasforma las relaciones laborales, lo anterior coadyuvado por los sistemas de poder dan como resultado la gran planta productora que es conformada por obreros temporales que mal baratan su fuerza de trabajo.
Otro de los rasgos característicos de este colonizaje cultural globalizado es la imposición de una misma lengua, a pesar de las diversidades étnico-históricas entre los diferentes países, este idioma se ha instaurado como la Vulgata de la globalización, pues es el idioma del mercado universal, del intelectual cosmopolita, es la epistemología oculta en la computadora, es el prometeo electrónico. El inminente éxito del idioma ingles como forma de comunicación e identificación es por el hecho de que esta lengua se ha nutrido de muchos idiomas.
Por otra parte debemos puntualizar que el avance científico tecnológico e institucional que derivaron en lo que actualmente llamamos globalización proviene de la copia de de un modelo inminentemente occidental, el cual, se le conoce con el nombre de Modernización, a este respecto los estándares de vida de las naciones comenzaron a medirse en función de este aspecto.
Se puede afirmar que la teoría de la modernización tiene por fundamento el principio de la mano invisible de Adam Smith, esta le confiere un papel especial alas elites intelectuales empresariales, religiosas vistas en conjunto o por separado serían los grupos que innovan, movilizan, dirigen, explican y ponen en practica.
En la medida que se desarrollan y se generalizan los procesos implicados en la modernización rebasan o derriban fronteras de toda índole, locales, nacionales, regionales, continentales, rebasan y disuelven las barreras culturales, lingüísticas, religiosas o civilatorias.
Mucho de lo que se hace y se piensa en el mundo sigue la pauta de lo que es, parece o puede ser moderno, modernizado o modernizable, lo cual se traduce necesariamente en técnico, pragmático, técnico e instrumental. La tecnología la entendemos como una forma de organizar la producción, como una totalidad de instrumentos, esquemas e instrumentos que caracterizan la era de la maquina, y al mismo tiempo un modelo de organizar y perpetuar las relaciones sociales, las manifestaciones predominantes del pensamiento, los patrones de comportamiento, es un instrumento de control dominación.
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Por ENRIQUE MALAGÓN, ADA MALDONADO Y CHRISTIAN RUEDA - 22 de Noviembre, 2006, 10:31, Categoría: General
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Los estudios sobre consumo cultural en México (Ana Rosas Mantecón)
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Los estudios sobre consumo cultural en México[1]
Ana Rosas Mantecón *
El estudio del consumo cultural en México ha vivido un desarrollo vertiginoso en la última década, fundamentalmente porque ha sido estimulado desde disciplinas y ámbitos diversos y por una gama amplia de demandas, que abarcan desde la búsqueda de democratización de las políticas culturales hasta la mejor mercantilización de las industrias culturales. Mientras a principios de los años noventa del siglo XX era notoria la inexistencia de investigaciones sobre públicos, consumo y recepción de bienes culturales, a finales de la década —y coincidiendo con lo señalado por Guillermo Sunkel respecto a América Latina (Sunkel,1999) — éstas no sólo han adquirido centralidad en la agenda de los estudios sobre cultura y poder, sino que también han pasado a ser un ingrediente clave en los procesos de producción al interior de la industria cultural.
Nos encontramos así ante un área de muy reciente impulso, prolífica no tanto en la cantidad de investigaciones pero sí en la diversidad de vetas que se han explorado y en las metodologías puestas en práctica. Ciertamente su desarrollo reciente es notorio y puede ser explicado a la luz de una serie de transformaciones sociales y políticas. Sin embargo, intentaremos demostrar que su consolidación es aún poco previsible ya que, al mismo tiempo, subsisten varias de las dificultades que impidieron su aliento durante varias décadas.
Los ámbitos de generación de investigaciones en consumo cultural
Los impulsos para el desarrollo de las investigaciones sobre consumo cultural han provenido fundamentalmente de tres ámbitos: instituciones gubernamentales de cultura, espacios académicos e industrias culturales.
En su introducción a El consumo cultural en México, un texto que fue fundacional para esta área de estudios, se preguntaba Néstor García Canclini cómo era posible que en un país como México donde, al menos desde los gobiernos posrevolucionarios, se manifiesta una intensa preocupación por extender los vínculos del arte y la cultura hacia las masas, no se hicieran investigaciones sobre públicos, consumo y recepción de bienes culturales (García Canclini,1993). Consideramos que, fundamentalmente, porque el diseño e implementación de las políticas culturales se desenvolvió a lo largo del siglo en un contexto antidemocrático que consideraba innecesarias las evaluaciones sobre su relación con las necesidades y demandas de los públicos. Con contadas excepciones, las instituciones oficiales carecían de diagnósticos que les permitieran formular, evaluar y reorientar con claridad sus políticas. La orientación de los gustos, el origen de clase y el nivel educacional de quienes asisten o no asisten a los diferentes eventos culturales eran —y en alguna medida continúan siéndolo— esencialmente desconocidos para todos los agentes internos y externos a ellos, lo que ha llevado a Lucina Jiménez a considerar en su investigación sobre teatro, una de las primeras en ofrecer una perspectiva sistemática y documentada al respecto, que en lo que toca a públicos nos encontramos frente “al lado oscuro de la sala” (Jiménez,2000).
A consecuencia de lo anterior, en México no existe un ordenamiento sistemático y comparativo de las estadísticas culturales, ni algún organismo dedicado al estudio de este campo. Además, los esfuerzos por generar información diacrónica que permita analizar las transformaciones de los campos culturales no han tenido continuidad: tal es el caso de la encuesta anual del periódico Reforma sobre “El uso de los medios de comunicación en la ciudad de México”, realizada desde 1994 hasta 1999, y con algunas exploraciones en los últimos años en Guadalajara y Monterrey, la cual fue interrumpida sin ninguna explicación.
En este contexto, las primeras investigaciones sobre consumo cultural en museos realizadas en los años setenta y ochenta no tuvieron continuidad ni contagiaron inmediatamente a otras áreas de la cultura. Dentro de estas primeras investigaciones se encuentra la dirigida por Rita Eder sobre El público de arte en México: los espectadores de la exposición Hammer, la cual inauguró el estudio del público de arte en nuestro país (Sunkel,1999).
Pero la sociedad se había ido transformando y era imposible pensar que la efervescencia de las demandas sociales y políticas que pugnaban por una mayor democratización, notoria desde finales de los años sesenta, dejaran intocadas a las instituciones culturales. Ya en los noventa, la ciudad de México comenzó a elegir a sus gobernantes y se multiplicaron las asociaciones civiles que representaban a sectores antes marginados del sistema político, o que carecían de voz para reclamar. Las instituciones gubernamentales se vieron cuestionadas y comenzaron los sondeos sobre los destinatarios de sus acciones. Dos conjuntos de investigaciones, ambas coordinadas por Néstor García Canclini, ejemplifican el impulso que recibió la investigación académica frente a estas demandas institucionales y que definió una de las características de la investigación sobre consumo cultural en México: su estrecha vinculación con el tema de las políticas culturales. Partiendo que una política cultural democrática requiere superar las formulaciones dirigistas y vincular orientaciones globales con demandas reales de la población, los estudios de consumo se veían como necesarios tanto para la adecuada formulación de políticas culturales como para su evaluación.
Públicos de arte y política cultural. Un estudio del II Festival de la Ciudad de México (1991) fue realizado por Néstor García Canclini (también coordinador, como mencionamos), Julio Gullco, María Eugenia Módena, Eduardo Nivón, Mabel Piccini, Ana Rosas Mantecón y Graciela Schmilchuk. A partir de una solicitud de los organizadores del Festival, el gobierno del Distrito Federal, los autores nos preguntamos cómo diseñar políticas culturales para una megalópolis que en ese momento comenzaba a superar los quince millones de habitantes, formada por pobladores provenientes de muchas zonas de México, con tradiciones culturales, niveles económicos y educativos diversos. Se tomó el II Festival de la capital, un programa que durante un mes ofreció 300 espectáculos de teatro, danza, bailes populares, rock y música clásica, como ocasión para confrontar las ofertas culturales y sus dispositivos de comunicación con los modos de recepción y apropiación de públicos heterogéneos. El estudio correlacionado de las interacciones del Festival con los equipamientos culturales de la ciudad, con los gustos de los espectadores y con las maneras en que informaron de los espectáculos los medios, buscó trascender los estudios de rating o mercadotécnicos. Se intentaba comprender, a través del uso combinado de encuestas, observaciones de campo y entrevistas, las articulaciones estructurales entre políticas multisectoriales, estructura urbana y conductas de las audiencias. Este análisis también sirvió para elaborar críticas y revisiones de las políticas culturales, en tanto aspiran a alcanzar a las mayorías. (García Canclini et al.,1991:68).
La segunda de las investigaciones, Los nuevos espectadores. Cine, televisión y video en México (García Canclini, coord., 1994), fue patrocinada por el Instituto Mexicano de Cinematografía. Se trata de un conjunto de estudios que analizan a nivel nacional y en diversas ciudades (Distrito Federal, Mérida, Guadalajara y Tijuana), a los públicos multimedia (de cine, televisión y video). Abordamos el conocimiento de las repercusiones de la recomposición del mundo audiovisual, confrontando las ofertas culturales y sus dispositivos de comunicación, con los modos de recepción y apropiación de públicos heterogéneos. Tomando como punto de partida las transformaciones en las tecnologías de las comunicaciones —la multiplicación de las ventanas a través de las cuales se relacionan los espectadores con las películas, esto es, ya no sólo las salas, sino también el video y la televisión— la investigación se pregunta por los cambios en los modos de ver cine. Se recurrió también al uso combinado de encuestas, observaciones de campo y entrevistas: empleando recursos antropológicos y de los estudios comunicacionales, se analizaron gustos y disposiciones diversas, su interrelación con las ofertas de los diferentes medios, y las políticas culturales públicas y privadas que han atendido estas áreas.
Pero no fueron solamente las crecientes demandas de la sociedad civil las que movieron a buscar conocer mejor a sus destinatarios a las instituciones gubernamentales. Los fondos cada vez más raquíticos con los que operan, las presiones económicas y las nuevas lógicas mercantilistas que se les imponen, las han empujado a buscar conocer mejor la información sobre su audiencia real y potencial. Durante los años ochenta un número creciente de instituciones culturales desarrollaron sus propias fuentes de financiamiento tales como cuotas de admisión, tiendas, donaciones no gubernamentales, etc., ante la insuficiencia de los financiamientos públicos. Estas instituciones ven en los estudios de público una posible herramienta para lograr el impacto y los beneficios consensuales y legitimadores que se ven obligadas a buscar para subsistir. Respecto a estas transformaciones en el campo de los museos, se pregunta Graciela Schmilchuk:
¿Es la proliferación inaudita de museos y exposiciones en el mundo, compitiendo entre sí y con otras ofertas culturales? ¿O es quizás el debilitamiento y empobrecimiento de los Estados protectores y de las instituciones tradicionalmente patrocinadoras lo que lanza a los museos a buscar un impacto y unos beneficios consensuales y legitimadores que antes no buscaban para subsistir?” (Schmilchuk,1996).
Los problemas que impulsan a realizarlas son variados; distintos espacios institucionales las encargan y financian con el fin de ajustar sus políticas culturales. Los “síntomas” visibles, puntuales, que las desencadenan pueden ser la preocupación por la baja afluencia de visitantes en relación con la oferta amplia de algunos museos y con las expectativas de su personal; o, por el contrario, una mayor afluencia que la esperada por el museo y la consiguiente dificultad para brindar una atención de calidad; el deseo y capacidad de algunos museos de crecer y de ampliar sus públicos, conocer el impacto comunicativo y educativo de cierta exposición o de secciones de la misma, etc. (Schmilchuk,1996).
Los estudios de público adquirieron también un vigor inusitado impulsados por la competencia voraz de las industrias culturales. Sin embargo, se trata de un impulso que no se traduce en un mayor conocimiento público de las evoluciones de las audiencias, ya que los sondeos cuantitativos de mercado de las industrias culturales periodísticas, de radio, cine, video y televisión —que desarrollan sus propios centros de investigación o recurren con mayor o menor éxito a la investigación mercadotécnica— no es dado a conocer más que ocasionalmente como publicidad de los propios medios. Por lo anterior, tales estudios, no obstante su efectividad[2], no son acumulativos ni de fácil acceso, como para contribuir a evaluar globalmente las políticas culturales.
Los principales espacios en los cuales se realizan estudios de consumo cultural en México son las universidades y otros centros de investigación. Parte del impulso al desarrollo de las investigaciones en esta área se ha dado por los recursos provenientes de instituciones culturales gubernamentales y por la incursión ocasional de algunos investigadores en estudios para industrias culturales, pero han sido fundamentalmente dinámicas propias de los ámbitos académicos —alimentadas por las discusiones internacionales, los exilios latinoamericanos así como por el diálogo con las demandas sociales—, las que han tenido una mayor relevancia para el rumbo que han tomado las investigaciones sobre audiencias.
Además de los obstáculos político-institucionales que hemos relatado, una de las principales dificultades para justificar la importancia de los estudios sobre consumo cultural ha radicado en el lugar común que lo confina al espacio del ocio o el uso del tiempo libre, concibiéndolo como lugar de lo suntuario y lo superfluo. El impulso original para el cuestionamiento de este lugar común provino de una rica tradición ensayística mexicana, de la cual Carlos Monsiváis es la expresión más destacada, la cual poco a poco fue brindando legitimidad a esta temática que durante años se había considerado como intrascendente. No obstante este incuestionable mérito, buena parte de estos ensayos se concentraban en las ofertas culturales —las películas y sus estrellas, las novelas, los programas de radio, el rock y sus intérpretes— sin abordar específicamente los procesos de consumo cultural. La situación anterior se reflejaba incluso en el tipo de textos elaborados y en las fuentes utilizadas para referirse a la recepción: predominaban los ensayos o investigaciones basadas en fuentes secundarias, apoyados en consideraciones generales —muchas de ellas meros clichés o estereotipos, retomados las más de las veces acríticamente—, y que no aportaban nuevos indicios que impulsaran el abandono de la especulación. Aún trabajos como los de Carlos Monsiváis, que con agudeza y sensibilidad había sabido ir planteando problemas y sugiriendo hipótesis, pecaban de abuso de conjeturas y ausencia de investigación empírica[3].
Un segundo impulso a los estudios sobre audiencias provino del rico intercambio y debate entre investigadores latinoamericanos y fue alimentado de manera relevante por el exilio de varios de ellos en México. Intelectuales como Néstor García Canclini y Mabel Piccini, entre otros, continuaron e impulsaron desde los años ochenta la renovación en universidades mexicanas del para entonces ya largo aliento de las investigaciones sobre audiencias que se habían desarrollado en Argentina. Como han mostrado Grimson y Varela (2002) en la investigación que se publica en este mismo libro, Argentina formó parte del debate teórico general sobre las audiencias de medios por lo menos desde finales de la década del sesenta del siglo XX. Se alentó entonces la discusión no sólo de las aportaciones de la Escuela de Birmingham y de la Historia Social, sino también las de Pierre Bourdieu y posteriormente las de Michel de Certeau. También fue destacada la influencia de la obra de Jesús Martín-Barbero, quien vivió un tiempo en México y mantuvo un diálogo permanente con intelectuales como Carlos Monsiváis.
Perfiles de los estudios de público en México
Si bien había ya importantes aportaciones en el campo de la comunicación, la plena inserción de los investigadores mexicanos en el debate sobre las audiencias se da hasta la década del noventa y eso va a darles a los trabajos un perfil particular, distinto del que se había desarrollado originalmente en otros países latinoamericanos, como fue el caso argentino.
1. Se desarrollan vinculando la comunicación con la cultura
Los estudios sobre audiencias habían recibido un impulso destacado fundamentalmente en lo que respecta a las de televisión en la obra de Jorge González y Guillermo Orozco, pero puede considerarse que ambos investigadores consolidaron su influencia y crearon escuela hasta la década del noventa (uno desde Colima y el otro en la ciudad de México y posteriormente en Guadalajara). Tanto los trabajos impulsados por estos investigadores, como los que les siguieron, miraron los procesos de consumo cultural ya no desde la comunicación sino en el contexto de los procesos socioculturales, como bien identificó Jesús Martín-Barbero que estaba ocurriendo en el conjunto de América Latina (Martín-Barbero,1999). No se trataba simplemente de una revisión del modelo comunicacional, sino de un desplazamiento hacia el reconocimiento cultural influenciado fuertemente tanto por la obra del propio Martín-Barbero como por la de García Canclini[4].
A partir de entonces, las investigaciones atenderán crecientemente no sólo los procesos de consumo, sino también los espacios en que se desarrollan las prácticas cotidianas que estructuran los usos sociales de la comunicación. En el mismo sentido, se ampliará la perspectiva del consumo cultural, para entender no sólo la recepción de un producto particular sino el conjunto de procesos que atraviesan y condicionan dicha recepción: se renovarán los estudios de públicos de museos (Pérez Ruiz,1993 y 1999; Rosas Mantecón,1993 y Schmilchuk,1996), de música (Aguilar et al.,1993; Vergara,1998), de radio (Jiménez,1993; Winocur,1998), de televisión (González, 1993 y Orozco,1993) y de patrimonio (Rosas Mantecón,1998; Sevilla,1998a); se explorarán nuevos ámbitos, como las formas particulares de consumo cultural auspiciadas por los movimientos sociales (Nivón,1993 y Sevilla,1998a) y las nuevas dinámicas de consumo en los centros comerciales (Patricia Ramírez Kuri,1998 e Inés Cornejo y Maritza Urteaga,1995).
Con el desarrollo de una perspectiva antropológica del consumo cultural se ha mostrado que éste constituye una rica veta para explicar transformaciones en el espacio público y el ámbito privado, para entender la importancia de los procesos de consumo para la constitución de identidades (como lo analiza Norma Iglesias —1992— respecto a los mexicanos indocumentados que ven cine en la frontera norte) y para la distinción social —como ejemplifica el caso de la investigación sobre los concurrentes a los salones de baile, estudiados por Amparo Sevilla. A partir del estudio de los salones de baile, Amparo Sevilla se interesa por detallar cómo el proceso de modernización en el país ha generado tendencias dominantes en el desarrollo cultural, tales como la creciente privatización de los espacios públicos, la implantación de la lógica económica y de la ganancia en las políticas de consumo cultural y la relevancia de la cultura transmitida a través de los medios electrónicos. En este contexto, los salones de baile son presentados como uno de los pocos espacios culturales que permiten a las clases populares establecer lugares de encuentro y comunicación, así como de creación y reproducción de identidades populares urbanas. Sevilla señala que, dada la importancia social que en este sentido tienen los salones de baile, era relevante una investigación antropológica que diera cuenta del proceso de aparición, desaparición y persistencia de estos establecimientos en relación con el desarrollo urbano de la ciudad de México (Sevilla, 1996 y 1998b).
Si bien desde mediados del siglo XIX, el desarrollo de la comunicación de masas abrió la posibilidad de que amplios sectores de la sociedad accedieran a ella, a finales de siglo nuevos procesos de segregación y diferenciación social condicionan dicho desarrollo como los que aborda Ana Rosas Mantecón (2000), en su estudio sobre los públicos de cine. Por lo que respecta a la ciudad de México, no sólo son las diferencias de ingresos y nivel escolar las que determinan diversas relaciones con los medios de comunicación, como el cine o la televisión. También interviene la manera en que el irregular y complejo desarrollo urbano —sin una expansión planificada y descentralizada de los servicios y equipamientos— agrava las distancias económicas y educativas. A las enormes distancias y dificultades que implica el traslado, se agregan la inseguridad de la vida urbana, los mayores costos de la oferta cultural pública (cuando ha disminuido el poder adquisitivo) y la creciente atracción de los medios de comunicación electrónica que llegan al domicilio familiar. Néstor García Canclini y Mabel Piccini han llamado a este proceso desurbanización de la vida cotidiana: mientras se da un crecimiento acelerado de las zonas periféricas, lo que representa una descentralización no planificada, aumenta la desarticulación de los espacios tradicionales de encuentro colectivo y se desarrollan las culturas electrónicas (García Canclini y Piccini,1993:47-48). La combinación de estos obstáculos, la forma en que se potencian unos a otros, genera procesos de segregación cultural y de escaso aprovechamiento de muchos de los servicios existentes. La distribución inequitativa de las instituciones culturales en el espacio urbano y de los circuitos mediáticos según los niveles económicos y educativos provoca nuevas formas de desigualdad en el acceso: por una parte, entre quienes asisten a espectáculos públicos y quienes se repliegan en el consumo doméstico; por otra, se acentúa la distancia entre quienes se relacionan con la oferta tecnológica gratuita (radio, canales abiertos de televisión) y los que utilizan los servicios por cable, antena parabólica y otros sistemas más selectivos de información (fax, computadora, correo electrónico, Internet), proceso abordado tanto por Raúl Nieto (1998) y Eduardo Nivón (1999) en sus trabajos sobre consumo cultural en las periferias de la ciudad de México.
Para Mabel Piccini el mismo espacio público y las identidades de grupos e individuos están amenazados: asistimos a una crisis de lo que tradicionalmente se ha entendido por vida colectiva, sobre todo en las grandes ciudades, crisis de una forma de sociabilidad ligada a las relaciones en el espacio público y a las formas instituidas de la comunicación social, el intercambio político y la acción política en su máxima latitud. Asistimos a nuevas formas de desarraigo y a la lenta desarticulación de buena parte de los espacios tradicionales de encuentro colectivo, espacios que no sólo se ligaban a rituales públicos y gregarios (fiestas vecinales, celebraciones religiosas, intercambios coloquiales entre el vecindario, compra y venta en los tianguis, reunión en los parques, encuentros en cantinas y cafés, etc.) sino que constituían la base de orientación y pertenencia de las diferentes comunidades en el territorio. Lo que parece evidente es una política de redistribución de los bienes culturales que reafirma las jerarquías de clase y poder entre la población así como las distancias y la desigualdad en los mapas sociales (Piccini,1996:33-34).
La declinación parcial de los movimientos urbanos más politizados y el surgimiento posterior de otros movimientos y redes (ecologistas, de jóvenes, de mujeres, etc.) ha complejizado la percepción de las culturas urbanas. También la expansión de las industrias culturales, junto al desarrollo más sofisticado de estudios comunicacionales y antropológicos sobre ellas, llevó a tomar en cuenta que las relaciones identitarias y de solidaridad locales (sustentos de la utopía alternativista) se entretejen con los comportamientos de los mismos sectores en tanto espectadores y consumidores. Al estudio de boletines y periódicos populares, carteles y graffitis, se comenzaba a sumar lo que sucede en los comportamientos de apropiación de lo que ofrecen la radio, el cine, la televisión, el video, y últimamente Internet. Una renovación en esta línea se aprecia en las investigaciones sobre jóvenes y culturas masivas producidas por autores que utilizan a la vez marcos teóricos y estrategias metodológicas de la sociología, la antropología y los estudios comunicacionales. Aun cuando estos trabajos muestran la importancia de la territorialización en las prácticas juveniles —no sólo en su ciudad, sino en una colonia o un barrio— también exhiben estas formas de pertenencia entrelazadas con los consumos transnacionales de bienes simbólicos industrializados (Valenzuela,1988:61). Los estudios sobre cholos, punks y bandas registran que hasta las formas más locales de marginalidad se hallan atravesadas por mensajes televisivos y musicales, posters y signos de estilo multiculturales y transnacionales (Reguillo,1995; Urteaga,1998).
2. Predomina el desarrollo de investigaciones empíricas sobre las reflexiones teóricas
Fuertemente vinculados al tema del diseño y evaluación de las políticas culturales, los estudios sobre audiencias se abocarán al registro de las demandas, necesidades, patrones de percepción y gusto de los públicos, dándose tendencialmente un fuerte impulso a la investigación empírica y un menor acento a la discusión teórica. Es sintomática la escasez de reflexiones teóricas sobre el consumo cultural. A principios de los noventa, destaca el esfuerzo de Néstor García Canclini, quien en un texto introductorio a la compilación de los trabajos reunidos en El consumo cultural en México (1993), discute teóricamente el concepto de consumo cultural y los modelos que se han utilizado para explicarlo. Esfuerzos semejantes fueron realizados por Carmen De la Peza (1993), Norma Iglesias (1996) y Mabel Piccini (2000).
La noción misma de consumo cultural ha recibido diversos cuestionamientos por imprecisa, acusada de tener una clara filiación economicista, que parecería remitir a un sentido casi mercadoctécnico y, desde otra perspectiva, a una tautología: desde una perspectiva antropológica y social no existen mercancías que los individuos no invistan de una dimensión simbólica (Piccini,2000). Desde estas posturas se considera que todo consumo es un proceso cultural independientemente de que a la vez cumpla funciones prácticas para la sobrevivencia. Y esto nos ubica en un universo ilimitado en donde todos los objetos, siendo culturales, pueden convertirse en motivo de estudio. En una sugerente entrevista, Mabel Piccini ha señalado que:
[…] no se ve el sentido a esta necesidad de transformar ciertas prácticas que entrañan una intensidad de la vida vivida en simple consumo, desgaste, incorporación —por lo demás invaluable. ¿Podemos reducir ese estado de shock, como decía Walter Benjamin, a una especie de deglución, digestión, desecho de bienes intercambiables?” (Piccini,2000:381-382).
3. Desarrollo de la investigación individual y grupal, así como de perspectivas multidisciplinarias
Una de las peculiaridades de un parte destacada de la investigación sobre esta temática en México ha sido el que se ha realizado como producto del trabajo individual pero en diálogo y relación con el de otros estudiosos. Destacan como equipos multidisciplinarios los alentados por Néstor García Canclini, en la ciudad de México, y el de la Universidad de Colima, auspiciado por Jorge González y Jesús Galindo.
Uno de los impulsos iniciales a la realización de estudios de consumo cultural en México, en diálogo con otras investigaciones en América Latina, provino del trabajo de Néstor García Canclini como coordinador del Grupo de Trabajo de Políticas Culturales del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), desde donde se alentó un conjunto de estudios sobre diversos consumos en Buenos Aires, Santiago de Chile, Sao Paulo y México a finales de los años ochenta. A la par del diálogo con los investigadores latinoamericanos, García Canclini convocó diez especialistas mexicanos de diversas disciplinas (antropólogos, sociólogos, comunicólogos), a que elaboraran una visión de conjunto sobre la recepción de las industrias culturales y los usos del espacio urbano, fundamentalmente en la capital mexicana, aunque dos de las investigaciones se refieren a Colima y la frontera norte. Este conjunto de estudios cristalizó en el libro colectivo, coordinado por Néstor García Canclini, El consumo cultural en México (1993).
Luego de tres libros colectivos en el tema del consumo cultural (Néstor García Canclini, coord., 1991, 1993 y 1994) se editó, también coordinado por Néstor García Canclini, Cultura y comunicación en la ciudad de México (1998), en el cual se publicaron diecisiete estudios efectuados entre los años 1993 a 1996 por el Programa de Estudios sobre Cultura Urbana de la Universidad Autónoma Metropolitana, con la participación de investigadores visitantes del país y del extranjero. La mayoría de los trabajos, basados en registros de campo, examinan las interacciones culturales entre políticas, audiencias y usuarios a propósito de las transformaciones recientes en el centro histórico de la capital y en las periferias, la modernización del hábitat, los cambios de las identidades barriales, la irrupción de los grandes centros comerciales y la inserción de la megalópolis en las redes de la globalización. Se siguen las interacciones y los desencuentros entre las políticas culturales y los imaginarios en la ciudad, y se analizan las diversas versiones de los conflictos urbanos de gobiernos y sectores de la población. También se dedica uno de los dos volúmenes a comprender las estrategias con que la música, la prensa, la radio y la televisión representan la vida urbana.
Por lo que respecta al grupo de Colima, La Cultura en México (I): cifras clave (González y Chávez,1996), muestra una primera selección de la información generada por el estudio “La formación de la ofertas culturales y sus públicos en México, siglo XX”, y el esbozo de diversas interpretaciones tentativas. Se trata de una tarea realizada a nivel nacional, y que además de aplicar una encuesta sobre el tema, impulsó la elaboración de cartografías y de entrevistas en ciudades diversas de todo el país.
Si bien es destacable en las investigaciones que hemos relatado su habilidad para recurrir a diversas técnicas de investigación cualitativas y cuantitativas, en todas ellas es notorio el peso de la etnografía como una herramienta privilegiada para recoger las vivencias de los sujetos de las transformaciones urbanas, las cuales han afectado los hábitos de los ciudadanos y transformado sus maneras de relacionarse con los espacios públicos y los espectáculos. La etnografía de las prácticas culturales ha permitido realizar lecturas transversales de las prácticas sociales y pasar de los estudios de recepción y consumo, al análisis de los relatos de vida que se despliegan en múltiples direcciones: actores y espectadores, productores y consumidores, lectores y autores que manifiestan gustos y estilos de vida en una pluralidad de acciones: afectivas, dialógicas, simbólicas y materiales. Hay también un despliegue de otros recursos de investigación: entrevistas a profundidad, análisis de la distribución de la infraestructura en el espacio, revisión hemerográfica, bibliográfica y documental, así como encuesta.
La aproximación a la antropología por parte de los estudiosos del consumo cultural se ha dado a diferentes niveles —mientras algunos sólo se interesan por las técnicas, otros asumen compromisos epistemológicos cuando consideran que para comprender los sentidos diferenciados de la apropiación es necesario reconstruir la experiencia de los sujetos en el marco de la vida cotidiana. No obstante lo anterior, la antropología ha venido a enriquecer las metodologías puestas en práctica para la investigación de las audiencias, tradicionalmente abordadas, sobre todo por los estudios de mercado, a través de encuestas y grupos focales. La técnicas cualitativas han venido a potenciar los resultados de la encuesta, dado que una práctica cultural no puede ser cuantificada y descrita sólo por medio de un porcentaje, puesto que dicha práctica siempre se realiza dentro de una constelación de otras prácticas y actividades dentro de las cuales tiene sentido, se origina y se transforma en el tiempo. Pero los antropólogos también se han beneficiado del mutuo aprendizaje, ya que se empieza a abatir la otrora tradicional resistencia en la disciplina a recurrir a técnicas cuantitativas para contextualizar y complementar las observaciones etnográficas[5].
4. Recuperación de varias de las dimensiones políticas del consumo cultural que habían sido descuidadas con su actual vinculación al tema de la ciudadanía cultural
Como intentamos mostrar con anterioridad, el interés de los estudios de consumo cultural en Argentina por politizar la cultura y demostrar la relevancia de los procesos simbólicos para la política, fue incorporado sólo parcialmente a los estudios que se desarrollaron en México, que en general estuvieron desprovistos de la discusión gramsciana. La discusión sobre los nuevos sentidos de la ciudadanía le dan una renovada dimensión política a los procesos de consumo cultural. Como ha señalado Mirta Antonelli (2002), en el texto que se incluye en este volumen, la preocupación de Néstor García Canclini por repensar la noción de ciudadanía y sus condiciones de posibilidad en América Latina, cristaliza en una agenda que reformula la intervención política, haciendo de las políticas culturales la dinámica de articulación y el factor decisorio en la re-constitución del espacio público. Si las industrias culturales atraviesan la vida cotidiana, inciden en la organización sociopolítica y revisten una innegable importancia económica, entonces deben ser objeto de políticas culturales. Si la asimetría de mercados y la abstención de los estados en las industrias culturales ha sido una doble alianza formadora de gusto, el consumo es ahora el lugar para interrogar y discutir la intervención deseable en el mercado. La pérdida de centralidad de la política, en su relación con los procesos de consumo masivo y a las transformaciones ocurridas en la esfera pública, son abordadas en su vinculación con las problemáticas ciudadanas por Winocur, 2000 y Néstor García Canclini, 1995.
Comentarios finales
Como mencionamos al comienzo, si bien es notorio el desarrollo de las investigaciones sobre consumo cultural en México, su consolidación es aún poco previsible. No existe ningún espacio académico en el país dedicado específicamente a la formación de profesionistas en este terreno (con la excepción de diplomados aislados sin ninguna conexión entre ellos). Prácticamente no se cuenta con especialistas en los centros de investigación especializados en las diversas artes (pertenecientes al Instituto Nacional de Bellas Artes), ni en los muy pocos que están dispersos en algunas universidades del país, que tengan la formación y experiencia adecuadas para realizar este tipo de estudios, cuya naturaleza es esencialmente interdisciplinaria (sociología de la cultura, antropología social, semiótica, estética de la recepción, estadística, comunicación, psicología social, etcétera).
El impacto de los estudios de público ha sido aún limitado sobre el diseño y evaluación de políticas culturales en México. En ocasiones los estudios se realizan y se reciben por una estructura burocrática que no está diseñada para recibirlos y para transformarse en función de lo que plantean, lo cual dificulta el que las investigaciones sobre los públicos tengan el impacto deseado. En otras, la realización de encuestas es producto de una mera búsqueda de legitimación por parte de autoridades gubernamentales (muchas veces utilizadas como lo llegan a hacer los partidos políticos, como propaganda). En el fondo, falta aún la presión organizada por parte de la sociedad civil ya que la democratización es aún incipiente: faltan movimientos de consumidores, de televidentes y formas de representación ciudadana de los derechos comunicacionales y culturales.
Hay diversas áreas en las que los estudios de audiencias pueden presentarse como especialmente sugerentes y que están prácticamente inexploradas. Una de ellas es la formación de públicos. Si tomamos en cuenta que los públicos no nacen, sino se hacen, esto es, que son constantemente formados por la familia, la escuela, los medios, las ofertas culturales comerciales y no comerciales, entre otros agentes que influyen —con diferentes capacidades y recursos— en las maneras cómo se acercan o se alejan de las experiencias de consumo cultural, las políticas de formación de públicos pueden ser repensadas a la luz de las investigaciones realizadas. En general, las instituciones gubernamentales encargadas de la promoción y la difusión cultural, han limitado la formación de públicos a multiplicar la oferta y la publicidad, pero todo esto no se ha transformado en experiencias reales de formación de la capacidad de disfrute del arte. Ante la inefectividad estatal, niños y jóvenes se forman como públicos fundamentalmente por la televisión y la oferta comercial. Eventualmente, ellos serán o no el ahora menguante público futuro de las ofertas realizadas fuera del ámbito doméstico.
A pesar de los importantes avances realizados en los últimos años en términos de construcción teórica y de líneas de investigación, el estudio del consumo cultural se sigue planteando como un desafío teórico y metodológico. Teórico, porque no se ha construido aún un enfoque transversal capaz de describir y explicar los procesos de consumo cultural, que son regulados por racionalidades diversas (económicas, políticas, simbólicas) y que se encuentran íntimamente vinculados a una gama amplia de prácticas y fenómenos sociales que los atraviesan y condicionan; metodológico también, puesto que no se han evaluado suficientemente los alcances y límites de la aplicación de técnicas cualitativas (como la entrevista individual y grupal, la historia de vida y el relato, el análisis del discurso, la observación participante, etc.) y cuantitativas (la encuesta) en el estudio del consumo y la recepción artística. Aún quedan relevantes cuestiones por dilucidar: ¿En qué consiste la actividad concreta, particular, de la lectura o la recepción? ¿Es posible evaluar la “interpretación de un mensaje”? ¿De qué modo establecer sistemas de cuantificación y calificación de los efectos y transformaciones que opera un texto, un filme o un espectáculo sobre sus destinatarios? (Sunkel,1999:23-27; García Canclini, 1993; Piccini et al., 2000; De la Peza,1993).
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Notas
* Ana Rosas Mantecón, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa, México. Correo electrónico: anarosasm@hotmail.com
Rosas Mantecón, Ana (2002) “Los estudios sobre consumo cultural en México”. En: Daniel Mato (coord.): Estudios y Otras Prácticas Intelectuales Latinoamericanas en Cultura y Poder. Caracas: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) y CEAP, FACES, Universidad Central de Venezuela. pp: ¿??-¿??
[1] Versión revisada de la ponencia presentada en la III Reunión del Grupo de Trabajo “Cultura y Poder” del CLACSO. Caracas, Venezuela, noviembre-diciembre del 2001. Agradezco a Mariana Delgado, Virginia Pérez y Yeimi Zarco su colaboración en la investigación bibliográfica.
[2] Es el caso de la radio. En parte gracias a su conocimiento profundo de las audiencias, la radio ha podido dar una respuesta diversificada a las demandas de los cambiantes públicos, sobreviviendo a los vaticinios de extinción frente a la aparición estelar de la televisión. Como ha hecho notar Lucina Jiménez, la radio ha sabido adaptarse y responder con rapidez a los nuevos contextos y demandas, gracias a su flexibilidad e inmediatez (Jiménez,1994).
[3]. Muestra de lo anterior es el trabajo conjunto de Monsiváis y Bonfil, A través del espejo. El cine mexicano y su público (1994). No obstante que se anuncia desde el título el tratamiento de la temática de los espectadores de cine de la Epoca de Oro, se termina con la deducción, a partir de la cartelera cinematográfica y de la producción de películas (géneros, temáticas, etc.), la evolución de los gustos del público. Si bien se comienza haciendo referencia a actitudes diferenciadas, muy pronto se pasa “al gusto de la época” y a la generalizaciones sobre “el público” mexicano.
[4]. Así lo reconoce Guillermo Sunkel en “Una mirada otra. La cultura desde el consumo”, texto incluido en este libro.
[5] No obstante que las etnografías han enriquecido las investigaciones, debemos ubicar también sus limitaciones. Si bien el recurso etnográfico ha sido de gran ayuda para demostrar la actividad y heterogeneidad de los públicos, poco se ha ganado con multiplicarlas al infinito; el peligro es que en no pocas ocasiones, la diversidad de las lecturas es automáticamente elogiada como la marca de una libertad. Tal peligro puede conjurarse cuando se reconoce que el consumo se realiza dentro de estructuras de poder determinadas, lo cual permite acotar el posible margen de actividad del “receptor”. Esta es una de las ricas vetas abordadas por En busca del público, compilado por Daniel Dayan (1997).
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Por Christian Rueda - 22 de Noviembre, 2006, 10:24, Categoría: General
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Una mirada otra. La cultura desde el consumo. (Guillermo Sunkel)
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Una mirada otra. La cultura desde el consumo
Por: Guillermo Sunkel, Miembro de la Comisión Nacional de Televisión,
Hace casi una década atrás, en su Introducción al libro El Consumo Cultural en México, Néstor García Canclini se preguntaba:¿Por qué el consumo cultural es uno de los temas menos estudiados en México y en América Latina? Su lugar casi vacío en la vasta bibliografía existente sobre arte, literatura, comunicación y culturas populares parece indicar que una de las cuestiones que menos interesa es conocer que les pasa a los públicos, los receptores, las audiencias. Ni siquiera está claro como sería mejor denominar a quienes son los destinatarios de la producción y comunicación de cultura. Dado que los pocos ensayos disponibles sobre el tema suelen limitarse a aproximaciones intuitivas, carecemos de los datos básicos y la reflexión teórica sobre quienes asisten o no a los espectáculos, quienes se quedan en su casa a ver televisión, que ven, escuchan o leen, y cómo relacionan esos bienes culturales con su vida cotidiana". (García Canclini,1993).
En los años que han transcurrido desde entonces la situación ha variado significativamente. En varios países de la región se cuenta con los datos básicos "sobre quienes asisten o no a los espectáculos, quienes se quedan en su casa ver televisión, que ven, escuchan o leen". Además, se ha generado una reflexión teórica respecto a los modos en que los públicos ven, escuchan y leen, respecto a los usos que le dan a los bienes culturales y a las maneras en que ellos relacionan esos bienes con su vida cotidiana.
Investigadores en diversos países de la región han contribuido a darle al tema del consumo una gran relevancia en la agenda de los estudios culturales latinoamericanos. Entre los textos claves se podría destacar, entre otros, los de Jesús Martín Barbero y Sonia Muñoz en la Universidad de Cali; los de Néstor García Canclini y su equipo en la Ciudad de México; los de Guillermo Orozco y otros en el Iteso en Guadalajara; los de María Cristina Mata en Córdoba; los de Ma. Immaculata V. López y de Antonio Arantes en Sao Paulo; los de Marcelino Bisbal en Venezuela; y los de Valerio Fuenzalida en Chile.
De esta vasta y fecunda producción intelectual latinoamericana que viene realizándose desde fines de los años 80 quisiera detenerme en los aportes fundamentales —y fundacionales— de dos autores: Jesús Martín Barbero y Néstor García Canclini. Ello con el propósito de ofrecer una lectura crítica y reflexiva, que recupere los aportes de estos autores a la conceptualización y a la investigación del consumo cultural en América Latina. Este ejercicio no constituye una exégesis de toda la obra de Martín Barbero, o de toda la obra de García Canclini. Es sólo una lectura que tira de la hebra del consumo.
La hipótesis que orienta lo que sigue es que la contribución de Martín Barbero y García Canclini ha sido fundamental porque detectaron la importancia de la temática del consumo en un momento en que la preocupación dominante en los estudios sobre cultura y comunicación en América Latina todavía era el análisis de los mensajes en los medios masivos en tanto soportes de la "ideología de la dominación". En ese contexto, ellos contribuyeron a generar la inflexión teórico-metodológica desde el énfasis en el mensaje como estructura ideológica a los procesos de consumo.
Pero también su aporte ha sido fundamental porque definieron una cierta aproximación conceptual desde la cual sería posible abordar empíricamente el estudio del consumo. Por cierto, hay elementos conceptuales básicos que son compartidos por Martín Barbero y García Canclini en su aproximación al consumo. Sin embargo, también hay diferencias —en el tratamiento del tema, en la centralidad que se le otorga, etc. — que son significativas y que, en lo que sigue, se intentará relevar.
La noción de consumo
Una de las vías por medio de las cuales el tema del consumo ingresa al debate cultural latinoamericano consistió en poner en discusión las distintas conceptualizaciones (o teorías) existentes sobre el consumo. Este fue el camino que tomó inicialmente García Canclini en un momento en que era coordinador del Grupo de Trabajo de Políticas Culturales del CLACSO, desde donde se impulsa un conjunto de estudios sobre consumo en grandes ciudades latinoamericanas (véase: Landi, Vachieri y Quevedo, 1990; García Canclini, 1993; Catalán y Sunkel, 1990; Arantes, 1999). Posiblemente, la ubicación de la temática del consumo en este contexto se encuentra asociada al reconocimiento de que una política cultural democrática requiere superar las formulaciones dirigistas y vincular orientaciones globales con demandas reales de la población. Reconocimiento que a su vez está relacionado con la constatación que en países desarrollados que llevan a cabo políticas culturales orientadas hacia la sociedad civil proliferan estudios de este tipo, necesarios tanto en la formulación de políticas como en su evaluación.
En su artículo "El consumo cultural: una propuesta teórica", presentado inicialmente al seminario del Grupo de Trabajo de Políticas Culturales realizado en Ciudad de México en 1990 y que luego pasó a ser el texto introductorio al libro sobre consumo cultural en Ciudad de México, García Canclini toma como punto de partida las dificultades político-institucionales y teóricas para avanzar en el estudio del consumo, situando este proceso como parte del ciclo de producción y circulación de los bienes (García Canclini,1999). En el plano teórico, comienza discutiendo para luego descartar la definición conductista del consumo; es decir, aquella donde éste queda reducido a una simple relación entre necesidades y los bienes creados para satisfacerlas. Pero descartar la definición conductista del consumo supone a su vez re-plantearse para transcender dos elementos que sustentan esta definición. Por una parte, la concepción naturalista de las necesidades, lo que implica reconocer que estas son construidas socialmente y que incluso las necesidades biológicas más elementales se satisfacen de manera diferente en las diversas culturas y en distintos momentos históricos. Por otra parte, la concepción instrumentalista de los bienes, vale decir aquella que supone que los bienes tienen solo un valor de uso para satisfacer necesidades concretas.
En seguida, García Canclini examina distintos modelos que se han utilizado para explicar el consumo. Entre ellos, los modelos que definen el consumo como lugar donde las clases y los grupos compiten por la apropiación del producto social; o como lugar de diferenciación social y de distinción simbólica entre los grupos; o como sistema de integración y comunicación; o como proceso de objetivación de deseos; o como proceso ritual. De la discusión de estos modelos se concluye que si bien cada uno de ellos es necesario para explicar aspectos del consumo, sin embargo ninguno de ellos es autosuficiente.
De esta re-visión de las nociones de consumo García Canclini llega a establecer una perspectiva, que es concordante con la que sustenta Mary Douglas y Baron Isherwood, al relevar el "doble papel" de las mercancías: "como proporcionadores de subsistencias y establecedores de las líneas de las relaciones sociales" (Douglas e Isherwood,1979:75). De acuerdo a estos autores, además de sus usos prácticos los bienes materiales "son necesarios para hacer visibles y estables las categorías de una cultura"(Douglas e Isherwood,1979:74), con lo cual se está destacando los significados sociales de las posesiones materiales. Desde esta perspectiva, se va a poner entre paréntesis la utilidad práctica de las mercancías para asumir en cambio "que la función esencial del consumo es su capacidad para dar sentido" o, en otros términos, que "las mercancías sirven para pensar"(García Canclini,1991:77). La racionalidad del consumidor será, entonces, la de "construir un universo inteligible con las mercancías que elija"(García Canclini,1991:81).
Douglas e Isherwood consideran el consumo de cualquier tipo de mercancías como una práctica cultural en tanto las mercancías "sirven para pensar", "sirven para construir un universo inteligible". En forma concordante, García Canclini va a definir el consumo como "el conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y los usos de los productos" (García Canclini,1999:34). El consumo sería una práctica sociocultural en la que se construyen significados y sentidos del vivir con lo cual este comienza "a ser pensado como espacio clave para la comprensión de los comportamientos sociales"(Mata,1997:7) Para los investigadores de la comunicación y la cultura en América Latina es esta perspectiva la que devuelve interés al análisis del consumo de medios y de otros productos culturales.
En su libro De los medios a las mediaciones Martín Barbero llega al tema del consumo por un camino distinto: a través de la crítica al "mediacentrismo" y su elaboración de la categoría de mediaciones. Sin embargo, la conceptualización del consumo que desarrolla este autor estará, en varios sentidos, íntimamente conectada con la de García Canclini. Consideramos brevemente cuatro aspectos de esta conceptualización.
En primer lugar, el desarrollo de una concepción no reproductivista del consumo, la que permite una comprensión de los modos de apropiación cultural y de los usos sociales de la comunicación. A través de la reivindicación de las prácticas de la vida cotidiana de los sectores populares, las que no son consideradas meramente como tareas de reproducción de la fuerza de trabajo sino más bien como actividades con las que "llenan de sentido su vida", este autor considerará el consumo como producción de sentido. Dice Martín Barbero que: […] el consumo no es sólo reproducción de fuerzas, sino también producción de sentidos: lugar de una lucha que no se agota en la posesión de los objetos, pues pasa aún más decisivamente por los usos que les dan forma social y en los que se inscriben demandas y dispositivos de acción que provienen de diferentes competencias culturales (Martín Barbero,1987:231). Por cierto, esta reivindicación de las prácticas cotidianas como espacios que posibilitan un mínimo de libertad no implica, en el análisis de Martín Barbero, una sobre-estimación de la libertad del consumidor. Por el contrario, estas prácticas se ubican dentro de un sistema hegemónico; son prácticas del "escamoteo" que buscan burlar el orden establecido.
En esta óptica, el consumo será una práctica de producción invisible, hecha de ardides y astucias, a través de la cual los sectores populares se apropian y re-significan el orden dominante. En segundo lugar, el énfasis en la dimensión constitutiva del consumo, lo cual supone una concepción de los procesos de comunicación como espacios de constitución de identidades y de conformación de comunidades. Martín Barbero señala:[…] yo parto de la idea de que los medios de comunicación no son un puro fenómeno comercial, no son un puro fenómeno de manipulación ideológica, son un fenómeno cultural a través del cual la gente, mucha gente, cada vez más gente, vive la constitución del sentido de su vida (1995:183).
En su análisis de la iglesia electrónica, por ejemplo, Martín Barbero destaca que estas se caracterizan porque no se limitan a usar los medios de comunicación para ampliar sus audiencias sino más bien porque han convertido a la radio y la televisión en "una mediación fundamental de la experiencia religiosa" (Martín Barbero,1995:184). Mediación que posibilita una sintonía con los sectores populares latinoamericanos porque "los protestantes han entendido que los medios de comunicación también son reencantadores del mundo, que por los medios de comunicación pasa una forma de devolverle magia a la experiencia cotidiana de la gente (Martín Barbero,1995:185). Este sería el caso de una comunidad religiosa que se constituye a través de la mediación tecnológica de la experiencia religiosa.
Martín Babero resalta, en tercer lugar, la dimensión estratégica de la investigación del consumo en un contexto en que la globalización de los mercados se encuentra directamente unida a la fragmentación de los consumos. La importancia estratégica de la investigación reside, según este autor, en que permite una comprensión de las nuevas formas de agrupación social, de los cambios en los modos de estar juntos de la gente.
Por último, el planteamiento de que el consumo implica un cambio epistemológico y metodológico: cambia el lugar desde el cual se piensa el proceso de la comunicación. Marcando una clara diferencia con el paradigma de los "efectos" y la teoría de los "usos y gratificaciones" Martín Barbero señala que: De lo que se trata [...] es de indagar lo que la comunicación tiene de intercambio e interacción entre sujetos socialmente construidos, y ubicados en condiciones que son, de parte y parte aunque asimétricamente, producidos y de producción, y por tanto espacio de poder, objeto de disputas, remodelaciones y luchas por la hegemonía (1999:21)A mi modo de ver, es esta insistencia en un cambio en el lugar desde el cual se mira —y desde el que se formulan las preguntas sobre— el proceso de comunicación un aspecto clave del aporte de Martín Barbero a la investigación del consumo.
El consumo cultural: ¿una práctica específica?
En su artículo "El consumo cultural: una propuesta teórica" García Canclini se preguntaba: "¿Tienen los llamados consumos culturales una problemática específica?". Luego ofrecía la siguiente argumentación: Si la apropiación de cualquier bien es un acto que distingue simbólicamente, integra y comunica, objetiva los deseos y ritualiza su satisfacción, si decimos que consumir, en suma, sirve para pensar, todos los actos de consumo —y no sólo las relaciones con el arte y el saber— son hechos culturales. ¿Por qué separar, entonces, lo que sucede en conexión con ciertos bienes o actividades y denominarlo consumo cultural? Esta distinción se justifica teórica y metodológicamente debido a la parcial independencia lograda por los campos artísticos e intelectuales en la modernidad. Desde el Renacimiento en Europa y desde fines del siglo XIX en América Latina, algunas áreas de la producción cultural se desarrollan con relativa autonomía —el arte, la literatura, la ciencia—, liberándose del control religioso y político que les imponía criterios heterónomos de valoración. La independencia de estos campos se produce, en parte, por una secularización global de la sociedad; pero también por transformaciones radicales en la circulación y el consumo. La expansión de la burguesía y los sectores medios, así como la educación generalizada, van formando públicos específicos para el arte y la literatura que configuran mercados diferenciales donde las obras son seleccionadas y consagradas por méritos estéticos. Algo equivalente sucede con la ciencia, cuya legitimación depende de los logros en el conocimiento. Un conjunto de instituciones especializadas —las galerías de arte y los museos, las editoriales y las revistas, las universidades y los centros de investigación— ofrecen circuitos independientes para la producción y circulación de estos bienes.(García Canclini,1999:41-42).
La delimitación del "consumo cultural" como una práctica específica frente a la práctica más extendida del consumo se justificaría, entonces, por la parcial independencia alcanzada por los campos artísticos y culturales durante la modernidad. Estos campos habrían superado la heteronomía que tenían en relación a la religión y la política, lo cual se enmarca en un proceso de secularización global de la sociedad.
Pero además, el consumo cultural se constituiría como una práctica específica por el carácter particular de los productos culturales. En este sentido, se ha propuesto que los bienes culturales, es decir, los bienes ofertados por las industrias culturales o por otros agentes que actúan en el campo cultural (como el Estado o las instituciones culturales) se distinguen porque son bienes en los que el valor simbólico predomina por sobre su valor de uso o de cambio. Según García Canclini:Los productos denominados culturales tienen valores de uso y de cambio, contribuyen a la reproducción de la sociedad y a veces a la expansión del capital, pero en ellos los valores simbólicos prevalecen sobre los utilitarios y mercantiles. Un automóvil usado para transportarse incluye aspectos culturales; sin embargo, se inscribe en un registro distinto que el automóvil que esa misma persona —supongamos que es un artista— coloca en una exposición o usa en una performance: en este segundo caso, los aspectos culturales, simbólicos, estéticos predominan sobre los utilitarios y mercantiles (1999:42).
Así, el consumo cultural llega a ser definido como "el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica" (García Canclini,1999:42). Esta es la definición operante que ha orientado buena parte de las investigaciones sobre consumo cultural realizadas en América Latina durante los años 90. A mi modo de ver, esta construcción del consumo cultural como objeto de estudio ha sido uno de los principales —y más influyentes— aportes de García Canclini al desarrollo de la investigación en esta área.
Las mediaciones como "lugares" de apropiación
Hemos señalado que Martín Barbero llega a percibir la importancia del consumo por medio de su crítica al "mediacentrismo" (con su propuesta de "pensar la comunicación desde la cultura") y su elaboración de la categoría de mediaciones. En un artículo escrito a fines de los años 80 señalaba:Lo que nos interesa es la propuesta de una teoría social de la comunicación basada en el paradigma de la mediación. Que es aquel modelo 'que trabaja con intercambios entre entidades, materiales, inmateriales y accionales' adecuado para 'estudiar aquellas prácticas en las que la conciencia, la conducta y los bienes entran en proceso de interdependencia'[...]. Un modelo que referido al campo del que nos ocupamos busca dar cuenta de las formas/instituciones que toma la comunicación en cada formación social, de las lógicas que rigen los modos de mediación entre el ámbito de los recursos.. la organización del trabajo y la orientación política de la comunicación, y por último de los usos sociales de los productos comunicativos (Martín Barbero,1988:9).
A mi modo de ver, este planteamiento supone una concepción sustantiva de la mediación. Ello significa que la mediación no implica una relación neutral o instrumental (que es el sentido que tiene en la política) ni tampoco una relación indirecta o distorsionadora (que es el sentido que se le ha dado en la investigación sobre la ideología de los medios). Por el contrario, considera que la mediación es una actividad directa y necesaria entre distintos tipos de actividad y la conciencia. La mediación es positiva y en cierto sentido autónoma: es decir, tiene sus propias formas. Por ello, de lo que se trata es de comprender la relación entre dos fuerzas como algo que es sustantivo por si mismo, como un proceso activo en que la forma de la mediación altera aquello que es mediado.
Desde esta base conceptual lo que se intentará pensar son los modos de interacción e intercambio en el proceso de comunicación: en particular, las formas de mediación entre la lógica del sistema productivo y las lógicas de los usos sociales de los productos comunicativos. Según Martín Barbero, la forma de la mediación entre estas dos lógicas es el género. Este es concebido "como una estrategia de comunicabilidad, y es como marcas de esa comunicabilidad que un género se hace presente y analizable en el texto". O como estrategias de interacción, esto es "modos en que se hacen reconocibles y organizan la competencia comunicativa entre los destinadores y los destinatarios" (Martín Barbero,1987). Lo que a su vez supone que la competencia textual no se halla presente sólo del lado de la emisión sino también de la recepción. "Cualquier telespectador sabe cuando un texto/relato ha sido interrumpido, conoce las formas posibles de completarlo, es capaz de resumirlo, de ponerle un título, de comparar y de clasificar unos relatos" (Martín Barbero,1987:52).
Es por esta centralidad que se otorga a la categoría de género que Martín Barbero desarrolla una propuesta metodológica para estudiar la telenovela. En esa propuesta: Las mediaciones son entendidas como ese ‘lugar' desde el que es posible percibir y comprender la interacción entre el espacio de la producción y el de la recepción: que lo que se produce en la televisión no responde únicamente a requerimientos del sistema industrial y a estratagemas comerciales sino también a exigencias que vienen de la trama cultural y los modos de ver (Martín Barbero, 1987).
A fin de precisar ese "lugar" desde el que es posible observar la interacción entre esas dos lógicas Martín Barbero propone partir la investigación desde "las mediaciones, esto es, de los lugares de los que provienen las constricciones que delimitan y configuran la materialidad social y la expresividad cultural de la televisión"(1987:233). Esos "lugares" serían aquellos en que se desarrollan las prácticas cotidianas que estructuran los usos sociales de la comunicación: la cotidianeidad familiar, las solidaridades vecinales y la amistad, la temporalidad social y la competencia cultural.
¿Cuál es la mediación que estos "lugares" cumplen en la configuración de la televisión? Según Martín Barbero se trataría de una doble mediación. Por un lado, la mediación familiar inscribiría sus marcas en el discurso televisivo forjando los dispositivos básicos de comunicación entre los cuales el autor menciona la simulación del contacto y la retórica de lo directo. Por otro lado, y este es el aspecto que interesa relevar aquí, la cotidianeidad familiar media los usos sociales de la televisión. Como también lo ha destacado aquella línea de investigación conocida como "etnografía de audiencias", la familia (y no el individuo) es la unidad básica del consumo televisivo (véase por ejemplo: Mosler,1986). Se entiende, entonces, que la familia/hogar es el lugar clave de lectura, resemantización y apropiación de la televisión. Y son las dinámicas familiares las que estructuran las modalidades del consumo televisivo.
La "operacionalización" de la categoría de mediación en determinados "lugares" desde los cuales se desarrollan los procesos de apropiación y usos sociales de los productos comunicativos abre un nuevo territorio para la investigación. Un elemento clave que de aquí va a surgir será la indagación sobre los modos de ver/leer a través de los cuales los sujetos realizan los usos sociales de los productos comunicativos.
La reorganización de los consumos culturales
En su estudio sobre el consumo de cine en México García Canclini "conecta" con la indagación sobre los modos de ver aunque sin asumir las implicancias metodológicas de la categoría analítica de las mediaciones. Tomando como punto de partida las transformaciones en las tecnologías de las comunicaciones —ya no sólo se ve cine en salas sino también en video y televisión— la investigación se pregunta por los cambios en los modos de ver cine al pasar de las salas a la exhibición doméstica.
Según García Canclini el espectador de cine es producto de un cierto aprendizaje. "Se aprendió a ser espectador de cine, ir periódicamente a las salas oscuras, elegir la distancia adecuada de la pantalla, disfrutar las películas sólo o acompañado, pasar de la intimidad de la proyección al intercambio de impresiones y la celebración gregaria de los divos"(1995:133). En definitiva, este era un aprendizaje en un cierto modo de ver cine. La pregunta que plantea García Canclini en el contexto de la llamada "crisis del cine", la que se manifestaba en el cierre de salas y en la baja asistencia es, entonces: "¿Qué queda de todo esto cuando las películas se ven por televisión, en la sala iluminada de la casa, cortadas por anuncios publicitarios, el timbre del teléfono o las intervenciones discordantes del resto de la familia? ¿En qué se convierte el cine cuando ya no se va al cine, sino al videoclub o se ve lo que al azar transmite la televisión"(1995:133).
Lo que el estudio sugiere es que está cambiando la figura del espectador de cine y con ella los modos de ver películas:En vez de llegar a las salas para buscar 'la intimidad en medio de la multitud'[...] en esa comunidad devota que se forma en el oscuro silencio frente a la pantalla, la televisión y el video fomentan la sociabilidad restringida de la pareja o la familia, con una concentración débil en el filme" (García Canclini,1995:134).Por otro lado, el estudio sugiere que se está produciendo una reorganización de los consumos culturales donde lo que tiende a primar es el consumo doméstico.
En el contexto de las transformaciones en la ciudad García Canclini observa una atomización de las prácticas de consumo cultural asociada a una baja asistencia a los centros comunes de consumo (cines, teatro, espectáculos) y una disminución en los usos compartidos de los espacios públicos. En otras palabras, una pérdida de peso de las tradiciones locales y las interacciones barriales la que es "compensada" por los enlaces mediáticos. En definitiva, frente a la pérdida de peso de las tradiciones locales se produce el reforzamiento del hogar y, a través de este, la conexión con una cultura transnacionalizada y deslocalizada en que las referencias nacionales y los estilos locales se disuelven.
A mi modo de ver, interesaría saber con mayor precisión que implica la atomización de las prácticas de consumo. ¿Significa acaso que en este mundo postmoderno —de disolución de monoidentidades y de conformación de identidades políglotas— la familia sigue siendo una forma clave de mediación de los consumos? ¿O significa más bien la constitución de un consumidor que se conecta individualmente con el nuevo ecosistema comunicativo?
Los nuevos modos de ver/leer
En el estudio de la telenovela Martín Barbero se preguntaba por el sentido que puede tener esa investigación en un contexto de profundas transformaciones de la televisión. Su respuesta era que "si el medio está en trance de sufrir numerosos cambios, la mediación desde la que ese medio opera social y culturalmente no parece estar sufriendo modificaciones de fondo"(1987:232). Lo que significa que los cambios no están afectando sustancialmente ni al modelo de producción televisiva ni a la relación de los públicos —especialmente de las mayorías— con la televisión.
Casi una década después de realizado aquel estudio se puede apreciar un cierto cambio en la perspectiva producto del análisis que Martín Barbero realiza de las transformaciones socio-culturales. En efecto, sus escritos más recientes parecen sugerir que los cambios en el contexto socio-cultural estarían alterando una de las mediaciones fundamentales, que es la relación de los públicos con la televisión. Esta alteración se estaría produciendo particularmente en los modos de ver/leer de los jóvenes.
Para comprender esta alteración hay que hacer referencia, en primer lugar, a lo que Martín Barbero denomina el des-ordenamiento cultural. Este proceso, que comenzó a hacerse visible en los movimientos del 68 desde Paris a Berkeley, "remite al entrelazamiento cada día más denso de los modos de simbolización y ritualización del lazo social con las redes comunicacionales y los flujos audiovisuales"(1999:88). Proceso en el cual va a ser la televisión el medio que más radicalmente va a desordenar la idea y los límites del campo de la cultura, con sus tajantes separaciones entre alta cultura y cultura popular, entre realidad y ficción, entre vanguardia y kistch, entre espacio de ocio y de trabajo, entre saber experto y experiencia profana, entre razón e imaginación.
El proceso de des-ordenamiento cultural, el que está marcado por la centralidad de la televisión y la experiencia audiovisual, es lo que lleva a Martín Barbero a plantear el tema de los nuevos modos de ver/leer asociado a la formación de un nuevo sensorium. Según Martín Barbero:[…] más que buscar su nicho en la idea ilustrada de cultura, la experiencia audiovisual la replantea desde los modos mismos de relación con la realidad, esto es, desde las transformaciones que introduce en nuestra percepción del espacio y del tiempo (1999:89-90).
La transformación en nuestra percepción del espacio se produce:[…] profundizando el desanclaje que la modernidad produce sobre las relaciones de la actividad social con las particularidades de los contextos de presencia, desterritorializando las formas de percibir lo próximo y lo lejano, hasta tornar más cercano lo vivido ‘a distancia' que lo que cruza nuestro espacio físico cotidianamente (1999:90).Paradójicamente, esta nueva espacialidad no surge del recorrido viajero sino, en cambio, de una experiencia doméstica convertida por la alianza televisión/computador en un territorio virtual donde "todo llega sin que haya que partir". Para Martín Barbero lo que en ese movimiento entra más fuertemente en crisis es el espacio de lo nacional y, en consecuencia, de la cultura nacional. "Pues, desanclada del espacio nacional la cultura pierde su lazo orgánico con el territorio, y con la lengua" (1999:90).
Por otro lado, "la percepción del tiempo que instaura el sensorium audiovisual está marcada por las experiencias de la simultaneidad, de la instantánea y del flujo"(1990:91). Una de las tareas claves que realizan los medios es la "fabricación del presente" lo que remite, por un lado, al debilitamiento del pasado, a su reencuentro descontextualizado y deshistorizado. Por otro lado, esta contemporaneidad nos "remite a la ausencia de futuro que nos instala en un presente continuo, en una secuencia de acontecimientos que no alcanza a cristalizar en duración"(1990:91).
Según Martín Barbero serían los jóvenes quienes encarnarían este sensorium audiovisual pues ellos son:[…] sujetos dotados de una 'plasticidad neuronal' y elasticidad cultural que[...] es más bien apertura a muy diversas formas, camaleónica adaptación a los más diversos contextos y una enorme facilidad para los 'idiomas' del video y el computador (1999:35).
Lo que, de acuerdo a este autor, requiere sentar las bases para una:[…] segunda alfabetización que nos abre a las múltiples escrituras que hoy conforman el mundo del audiovisual y la informática. Pues estamos ante un cambio en los protocolos y procesos de lectura, que no significa, no puede significar, la simple sustitución de un modo de leer por otro, sino la compleja articulación de uno y otro, de la lectura de textos y la de hipertextos [...]. Pues es por esa pluralidad de escrituras por la que pasa hoy la construcción de ciudadanos que sepan leer tanto periódicos como noticieros de televisión, videojuegos, video clips e hipertextos (1999:46).
Por último, interesa destacar que para Martín Barbero el tema del nuevo sensorium también tiene una dimensión metodológica: indica un lugar —el de la percepción y la experiencia social— desde el cual mirar los cambios en el escenario socio-cultural. Lo cual necesariamente requiere una revalorización cognitiva de la cultura audiovisual sin desconocer, por cierto, la vigencia de la cultura letrada.
Un proyecto inacabado
En este artículo hemos intentado recuperar los aportes de Martín Barbero y García Canclini a la conceptualización y a la investigación del consumo cultural en América Latina. En relación al proyecto "Estudios y otras Prácticas Intelectuales Latinoamericanas en Cultura y Poder", para el cual este texto ha sido redactado, me interesa señalar que tal como ha quedado en evidencia en el desarrollo de la argumentación los aportes de estos autores no pueden ser considerados como "simples" o "convencionales" estudios comunicacionales sino que forman parte de los llamados "estudios culturales". Entre otras razones, y retomando algunos elementos que ya han sido mencionados, quisiera destacar los siguientes. Primero, Martín Barbero y García Canclini contribuyeron a generar la inflexión teórico-metodológica desde el énfasis en el mensaje como estructura ideológica a los procesos de consumo, con lo cual han situado el análisis comunicacional en el contexto de los procesos socio-culturales. Al decir de Martín Barbero, el proyecto consiste en "pensar la comunicación desde la cultura". En segundo lugar, estos autores han definido una cierta aproximación conceptual desde la cual se ha hecho posible abordar empíricamente el estudio del consumo. Aproximación desde la cual el consumo pasa a ser pensado como un espacio clave para la comprensión de los procesos sociales. Tercero, la formulación de la temática del consumo se encuentra asociada al reconocimiento de que una política cultural democrática requiere superar formulaciones dirigistas y vincular sus orientaciones con la demandas reales de la población. Por lo tanto, los aspectos políticos (o de política) tampoco han permanecido ajenos a esta aproximación. Por último, resaltar el planteamiento de Martín Barbero de que la investigación del consumo significa un cambio teórico-epistemológico en el lugar desde el cual se mira —y se formulan las preguntas— sobre el proceso de comunicación.
Quisiera concluir planteando tres conjuntos de interrogantes a lo que considero es un proyecto en pleno desarrollo. Primero: ¿No será necesario re-pensar la noción de "consumo cultural" elaborada por García Canclini a la luz de los profundos cambios en el contexto sociocultural que han tenido lugar en la última década? En este sentido, se podría plantear que el desordenamiento cultural al que hace referencia Martín Barbero también remite al entrelazamiento cada día más denso entre economía y cultura, con lo cual estamos aludiendo a una relación de constante intercambio, de influencia mutua entre ambos "campos". Podríamos decir que el consumo es precisamente el lugar donde se produce estos procesos de intercambio con lo cual estamos sugiriendo que la tajante separación de campos que supone la noción de consumo cultural desarrollada por García Canclini, y que ha guiado gran parte de la investigación en América Latina, se encuentra actualmente en un proceso de des-dibujamiento. Lo cual pareciera hacer necesario volver a la noción de consumo como una práctica cultural que se manifiesta en la apropiación y usos de todo tipo de mercancías y no sólo en los llamados "bienes culturales".
Segundo: ¿Qué relación tienen los nuevos modos de ver/leer que desarrollan especialmente los jóvenes en el actual ecosistema comunicativo con las mediaciones en cuanto lugares de apropiación y uso de los productos? ¿Sigue siendo la cotidianeidad familiar, la solidaridad vecinal, la temporalidad social y la competencia cultural lugares que cumplen una mediación en la configuración de la televisión y las nuevas tecnologías? ¿Ha sufrido la familia y el barrio procesos de desintegración producto de las transformaciones en la ciudad, los flujos migratorios, etc. dejando de operar como instancias de mediación? En ese caso: ¿Cuáles son las nuevas formas de mediación que operan en la conexión/desconexión con el nuevo entorno comunicativo? Por último: ¿Qué queda de "lo popular" en el contexto de la globalización comunicacional y de desordenamiento cultural? ¿No será que la centralidad que tuvo esta categoría en los inicios de la investigación del consumo —siendo memoria, complicidad, resistencia— ha sido sustituida por la de los jóvenes, particularmente aquellos que tienen acceso a las nuevas tecnologías? ¿Dónde quedan los jóvenes excluidos de la sociedad de la información los que, como lo ha señalado Martín Barbero, seguirán siendo una mayoría si la escuela no asume el reto de asumir la tecnicidad mediática como dimensión estratégica de la cultura?
Usos de la investigación del consumo cultural
La investigación sobre consumo cultural es un proyecto inacabado y en pleno desarrollo que requiere enfrentar un conjunto de inquietudes tanto desde el punto de vista teórico, como de sus usos sociales y políticos. En la parte final del artículo hemos planteado tres conjuntos de interrogantes que enfrenta esta investigación desde el punto de vista teórico sobre las que no parece necesario volver a insistir. Más bien interesa señalar dos ejes de reflexión en torno a los usos de la investigación del consumo cultural.
En primer lugar, una cierta paradoja: a la fecundidad teórica de este tipo de estudios se opone el escaso uso que se le ha dado en otros campos que no sean el de la propia investigación social. En este sentido, cabe resaltar especialmente el escaso uso que la investigación del consumo ha tenido en la formulación de políticas culturales. Cuestión paradójica porque la temática del consumo cultural emerge en el debate latinoamericano íntimamente asociada al reconocimiento de que las políticas culturales democráticas requieren estar conectadas con las demandas reales de la población. En este sentido, cobra relevancia lo señalado por Ana Rosas Mantecón en el artículo incluido en este mismo volumen cuando dice que: [...] en la mayoría de las ocasiones los estudios se realizan y se reciben por una estructura burocrática que no está diseñada para recibirlos y para transformarse en función de lo que plantean, lo cual dificulta que las investigaciones sobre los públicos tengan el impacto deseado (Mantecón,2002).
En segundo lugar, la necesidad de profundizar en la relación entre consumo y acceso, tema este último que adquiere creciente importancia en el nuevo panorama comunicacional del siglo XXI que se caracteriza por el dramático aumento en la cantidad de imágenes, información y datos que se difunden a través de un espectro cada vez más amplio de medios, dispositivos y redes. Pero que también se caracteriza porque ha ido produciendo profundas desigualdades en el acceso a las nuevas tecnologías de la comunicación (véase, por ejemplo: Aníbal Ford La marca de la bestia, Grupo Editorial Norma, Argentina, 1999). En un contexto de crecientes desigualdades "info-comunicacionales", las que en buena medida son producto de la ausencia de una política que busque enfrentar este nuevo panorama comunicacional, la pregunta es: ¿Cuál es el aporte de la investigación sobre consumos culturales? ¿Podría aportar, por ejemplo, en cuestiones tan claves como la protección de la diversidad socio-cultural, el resguardo de los intereses de los ciudadanos y los consumidores, la garantía en la calidad de los bienes y servicios?
Referencias bibliográficas
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Fuente
Innovarium
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Por Ada Maldonado - 22 de Noviembre, 2006, 10:18, Categoría: General
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El Sistema de Información Cultural de México 11
|
El Sistema de Información Cultural de
México 11
Antecedentes
México cuenta con una experiencia de décadas en materia de bases de datos y
sistematización de la información cultural. Sobre todo en lo que se refiere al registro y la catalogación del patrimonio arqueológico, histórico y artístico, pero también en otros campos como bibliotecas y producción editorial, el trabajo realizado a la fecha es muy importante y representa un antecedente que forzosamente debe tomarse en cuenta para cualquier proyecto sobre información cultural en el país.
En particular, cabe destacar que en los años noventa en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes se crearon el Sistema de Información para la Planeación y Evaluación de las Políticas Culturales (SIPEC) y el Sistema Nacional de Información Cultural (SNIC).
Con tales antecedentes surge en CONACULTA el Sistema de Información Cultural (SIC) que responde a la necesidad de contar con información accesible
públicamente, sistematizada y generada de manera regular para elaborar
diagnósticos, orientar la toma de decisiones y evaluar las políticas culturales.
Antes de iniciarse este esfuerzo, en la mayor parte de los casos la información se encontraba fragmentada entre distintas unidades administrativas que operaban con diferentes criterios, no se actualizaba de manera regular ni se encontraba sistematizada, de tal manera que cada requerimiento de información suponía una búsqueda que involucraba distintas fuentes, se resolvía de manera casuística y a través de procedimientos manuales. Lo anterior mostraba que no había un acceso abierto y transparente a la información, ya sea entre las distintas unidades administrativas coordinadas por el CONACULTA y con instituciones afines, como los organismos de cultura de los estados, o bien, disponible para investigadores, artistas, promotores culturales independientes y público en general.
Por esta razón, como una primera etapa, el SIC se propuso integrar información generada por distintas áreas del CONACULTA y por los organismos de cultura de los estados, a través de un sistema que operara bajo una estructura descentralizada, no sólo en lo que se refiere a la alimentación de la información, sino también a su consulta y a la definición misma de su contenido.
En un primer momento se enfrentaron varias limitaciones para llevar adelante el proyecto: la falta de experiencia y tradición para manejar información sistematizada y para compartirla intra e interinstitucionalmente en una base de datos común; la escasez de recursos humanos y de equipos de cómputo que se dedicaran regularmente a estas tareas; y las dificultades técnicas para diseñar y operar una base de dados de este tipo que interconectara a todos los estados del país.
El diseño de la primera etapa del SIC se basó en los siguientes criterios:
Seleccionar campos ampliamente aceptados como de orden cultural.
Incluir información que respondiera a las necesidades de las instituciones que
alimentaban y a las solicitudes más frecuentes de sus principales
interlocutores: promotores culturales, investigadores, artistas y público en
general.
Desarrollar una base de datos de acceso público a través de Internet que
operara de manera descentralizada como una red de enlace entre las
instituciones federales y estatales.
Considerando una escasa cultura de la información y cierto grado de escepticismo entre algunas de las instituciones invitadas a colaborar en este proyecto (resultado de experiencias fallidas para generar sistemas de información) la estrategia seleccionada se propuso el desarrollo de un sistema que de manera rápida fuera de utilidad para las instituciones que proporcionaban la información.
Situación actual
En su versión actual el SIC se encuentra disponible en la dirección electrónica
(http://sic.conaculta.gob.mx) e incluye más de 35 mil registros en los siguientes
temas:
Presencia de CONACULTA en los Estados
Dirección General de Bibliotecas
Dirección General de Culturas Populares
Instituto Nacional de Antropología e Historia
Instituto Nacional de Bellas Artes
Centro Nacional de las Artes
Centro Cultural Tijuana
EDUCAL Libros y Arte
Organismos culturales estatales
Patrimonio
Zonas declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO
Zonas arqueológicas bajo custodia del INAH abiertas al público
Monumentos históricos bajo custodia del INAH abiertos al público
Catedrales
Archivos fotográficos y fototecas
Infraestructura cultural
Auditorios
Bibliotecas
Casas de Artesanías
Casas de Cultura
Centros de Desarrollo Indigenista
www.gestioncultural.org
portalgc@gestioncultural.org
Centros Culturales
Centros de Investigación Artística
Escuelas y Centros de Educación Artística
Galerías de Arte
Librerías
Museos
Teatros
Actores sociales
Artistas y escritores
Grupos artísticos
Producción editorial
Revistas culturales
Fondos editoriales
Becas, premios y fondos de apoyo a proyectos artísticos y culturales
Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
Fondos Estatales para la Cultura y las Artes
Otras convocatorias
Proyectos apoyados
Por el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes
Por los Fondos Estatales para la Cultura y las Artes
Festivales, encuentros y bienales
Como puede apreciarse, en primer término el SIC es un inventario --muy completo y actualizado-- de instituciones, infraestructura, bienes y servicios culturales.
Constituye un piso básico e indispensable para cualquier esfuerzo de recolección y difusión de la información.
Esta información se encuentra sistematizada en una base de datos que permite su aprovechamiento para diversos fines de consulta y análisis. Se puede, por ejemplo, ubicar qué teatros en el país tienen determinado aforo, escenario o sistema de sonido; cuál es el equipamiento de infraestructura cultural de un estado o municipio --ya sea en términos absolutos, per cápita o en función de características demográficas específicas (por sexo, grupo de edad, nivel de educación, etc.)-- qué opciones de educación artística existen por nivel o disciplina; qué festivales se realizan con un tema específico, en alguna ciudad o en alguna época del año; qué apoyos se ofrecen por especialidad y qué proyectos se han realizado con estos recursos, por citar algunas opciones.
El SIC permite a los usuarios institucionales generar, de manera automática, una gran variedad de reportes, cuadros, gráficas y mapas, lo que representa una una base de datos georeferenciados de los recursos culturales de México que se actualiza constantemente. Como resultado de este trabajo de sistematización ha sido posible publicar de manera reciente el Atlas de la Infraestructura Cultural en México, como una herramienta para el diagnóstico detallado del equipamiento cultural del país.
Hasta ahora no se contaba con un documento que de manera sintética permitiera cruzar la información sobre la infraestructura cultural, independientemente de su tipo y de su adscripción administrativa, y que facilitara establecer comparaciones y visualizar su distribución en el territorio nacional, no sólo en el ámbito estatal sino también municipal. Este Atlas proporciona, de manera pública, información confiable y sistemática, comparable a lo largo y ancho del país, que ofrece un panorama de conjunto y constituye una base sólida para orientar la política cultural.
El Sistema de Información Cultural fue diseñado para vincularse y cruzar
información con otras bases de datos con información estadística que están en
Internet, lo que permite potenciar su capacidad de análisis con información de otros sectores y construir indicadores que incorporen variables demográficas, de educación, económicas, de finanzas públicas y de equipamiento urbano, entre otras muchas opciones. En particular, es posible de manera automática consultar información y construir indicadores con los sistemas de bases de datos municipales del INEGI, que es el organismo federal en México responsable del sistema de estadísticas nacionales.
Adicionalmente, el SIC contiene ligas con todos los registros que tienen presencia en Internet, lo que permite darle profundidad a la información que se obtiene.
Desde esta perspectiva el sistema opera como un buscador especializado o un
portal que ofrece un panorama bastante amplio de lo que está disponible en
Internet sobre diferentes temas de la cultura mexicana.
Perspectivas
Con base en lo hasta ahora logrado y a partir de las consideraciones conceptuales de la primera parte de este texto, se propone el diseño y construcción de un sistema de estadísticas e indicadores culturales que permitan elaborar diagnósticos, diseñar estrategias así como evaluar el impacto de políticas, programas y proyectos y el desempeño de las instituciones culturales.
Este proceso tomará en cuenta la diversidad de la cultura en México, la necesidad de construir indicadores que incorporen el componente cultural del desarrollo social y humano, así como criterios metodológicos que permitan hacer comparaciones con otros sectores y otros países.
Es importante señalar que se reconoce que la definición de indicadores es un
proceso político en el que es necesario incorporar a instituciones de distintos niveles de gobierno, creadores, promotores culturales e investigadores, a fin de darle plena legitimidad social ha esta labor.
La definición del marco conceptual y la delimitación del concepto de cultura buscaría resolver tensiones entre la conveniencia de abordar una definición amplia que sea incluyente y refleje la diversidad cultural, pero que sea lo suficientemente acotada para resultar manejable y operativa a partir de la cual se puedan acopiar indicadores confiables.
Asimismo, los indicadores deben reflejar las particularidades de la cultura nacional pero al mismo tiempo considerar en su diseño su comparación a nivel internacional.
El proceso de construcción de indicadores, que ya se encuentra en curso,
comprende las siguientes tareas:
Realizar un diagnóstico sobre la situación actual en materia de estadísticas e
indicadores culturales en México, que incluye no sólo a las distintas unidades
administrativas del CONACULTA, sino a otras instituciones públicas y privadas
que de manera regular recopilan información sobre algún aspecto del sector
cultura (como son las cámaras empresariales de las distintas industrias
culturales).
Realizar un estudio de los flujos y las distintas demandas de información que
reciben los distintos tipos de entidades culturales, ya que éstas se ven
sometidas a una gran variedad de requerimientos de distintas instancias que
sería conveniente armonizar y simplificar.
Realizar un estudio sobre los modelos de organización y las mejores prácticas
de otros países y las recomendaciones de organismos internacionales en
materia de indicadores culturales.
Elaborar una propuesta estratégica de diseño del Sistema Nacional de
Indicadores Culturales, derivado del marco conceptual trazado y de los
resultados de los dos puntos anteriores.
Definir los instrumentos de recolección, procesamiento y análisis de la
información, así como los mecanismos de evaluación y publicación de los
resultados (incluyendo productos, responsables y periodicidad).
Resulta indispensable que el sistema de indicadores diseñado dé cuenta de las
prácticas y patrones de consumo cultural que no se registran a través de
transacciones en el mercado, ni en espacios calificados habitualmente como
"culturales" y que corresponden en buena parte a las expresiones de amplios
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